Twenty-Sixth Sunday in Ordinary Time

Homily / September 27th

Our country continues to mourn the death of Supreme Court Justice Ruth Bader Ginsberg. The tributes that have been made of her reveal the great impact that she has had on this country particularly in working for justice for all.

Of all of her achievements and attributes, the one quality that I found most moving about her was her optimism and drive in the face of overwhelming obstacles. In life’s “game of cards”, the deck was completely stacked again her: she was a woman, a mother, and a Jew, all of which closed doors to her in her time. But despite the huge obstacles in her path, she steadfastly continued forward, never losing hope, never abandoning the fight, never taking her eyes off the prize. There are so many people who today enjoy the benefits that she secured for others. She once commented, “If you want to be a true professional, do something outside of yourself.”

It doesn’t take a professional to do something outside of yourself. It is the command and the example of Jesus in the second reading today for all of us: to empty ourselves for the sake of others, just as Jesus emptied himself for us. I love the beginning of that second reading. St. Paul reminds us that Jesus did not take for granted the fact that he was the Son of God. He didn’t have to die for us. But his total giving of himself was meant to show us the depth of God’s love for us. And in doing so, he modeled the style of life that we are called to live. We, too, are called to empty ourselves for others.

There are examples of emptying oneself that continue to be repeated in our lives. Parents are at the top of my list, good parents. I see the emptying that they willingly do for the sake of their children. Married couples vow to love each other in good times and in bad; I can think of some marvelous married couples that I admire for their dedication to each other especially in tough times of life. In this time of COVID-19, how inspiring have been the lives of doctors and nurses and medical staff who have endangered their own lives for the sake of the others, for the sake of strangers. It doesn’t take a person of great standing to empty themselves. We have developed a greater appreciation for essential works – bus drivers, grocery store workers, check-out people – who put their lives on the line for us. And how about religious sisters who performed their ministry for nothing except for the sake of the Church and its members? The example of Jesus is all around us, enriching our lives in ways not so different from that of Jesus.

The second reading reminds us once again of how counter-cultural we are: we see signs all around us, not of emptying, but of selfishly filling one’s life with many things that do not last, that yield very little real meaning. People like Ruth Bader Ginsberg give flesh-and-blood meaning to the lesson and example of Jesus that true fulfillment, strangely even true happiness, and certainly exaltation come to us in emptying ourselves for the sake of others.

Español:

Nuestro país continúa llorando la muerte de Ruth Bader Ginsberg, Juez de la Corte Suprema. Los tributos que se le han hecho revelan el gran impacto que ella ha tenido en este país particularmente en el trabajo por la justicia por todos.

De todos sus logros y atributos, una cualidad que yo encuentro más conmovedora acerca de ella es su optimismo y empuje en frente de obstáculos abrumadores. En “el juego de cartas” de la vida, las barajas se apilaron completamente en su contra: Ruth era mujer, madre, y judía, todos le cerraron las puertas a ella en su tiempo. Pero a pesar de los obstáculos en su camino, continuó firmemente adelante, sin perder la esperanza, sin abandonar la lucha, nunca quito sus ojos lejos del premio. Hay tantas personas quienes hoy disfrutan los beneficios que ella aseguraba para los demás. Una vez, comentó, “Si quiere ser un profesional verdadero, esfuérzate más allá de ti mismo”

Pero, no necesita ser un profesional para hacer algo más allá de usted mismo. Es el comando y ejemplo de Jesús en la segunda lectura de hoy para todo nosotros: dar todo de nosotros por el bien de los demás, justo como Jesús se dio así mismo por nosotros. Me encanta el comienzo de esa segunda lectura. San Pablo nos recuerda que Jesús no dio por sentado el hecho que era el Hijo de Dios. No tenía que morir por nosotros. Pero su entrega total de si mismo estaba destinado a mostrarnos la profundidad del amor de Dios por nosotros. Y así, modeló el estilo de vida que somos llamados a vivir. Nosotros, también, somos llamados a vaciarnos a nosotros mismos por los demás.

Hay ejemplos sobre entregarse uno mismo, que continúan repitiéndose en nuestras vidas. Los padres están en la cima de mi lista, buenos padres. Yo veo la entrega que ellos hacen de buena voluntad por el bien de sus hijos. Las parejas casadas prometen amarse el uno al otro en buenos tiempos y en malos tiempos; puedo pensar en algunas parejas casadas maravillosas que yo admiro por su dedicación del uno al otro especialmente en tiempos duros de la vida. En este tiempo de COVID-19, tan inspiradoras han sido las vidas de los médicos y las enfermeras y el personal médico que han puesto en peligro sus propias vidas por el bien de los demás, por el bien de extranjeros. No necesita ser una persona de gran prestigio para entregarse, – los conductores de autobús, los trabajadores de supermercados, los cajeros – quienes arriesgan sus vidas por nosotros. ¿Y qué tal las hermanas religiosas quienes ejercen su ministerio por nada excepto por el bien de la Iglesia y sus miembros? El ejemplo de Jesús está alrededor de nosotros, enriqueciendo nuestras vidas en maneras que no son tan diferentes de la propia vida de Jesús.

La segunda lectura nos recuerda otra vez de que somos contraculturales: vemos signos alrededor de nosotros sobre no entregarse, sino de llenar egoístamente nuestra vida con muchas cosas que no perduran, que ceden muy poco significado real. Las personas como Ruth Bader Ginsberg es ejemplo vivo de la lección y el ejemplo de Jesús que el cumplimiento verdadero, aun extrañamente la felicidad verdadera, y ciertamente, la exaltación viene a nosotros en entregarnos a nosotros mismos por el bien de los demás.