Twenty-Ninth Sunday in Ordinary Time

I had a priests’ meeting last week, and it was a long meeting. It was a painful meeting, in my opinion, because one or two people really like to hear themselves talk! And they took every opportunity, every item on the agenda to say something, usually in great length and with a lot of words, many of which did not really help the discussion. I think you get the idea of how frustrated I was. For being priests, their ego was larger than the room in which we were meeting!

There is a little part in just about all of us that wants us to feel important. Maybe that’s due to our human nature. But our human ways of satisfying that desire are not the best or the most lasting. Oftentimes, a person’s greatness is measured by intelligence, or power, or physical force. It may last for a while, but eventually, that kind of greatness is doomed to failure, because it is selfish and comes at the price of other people.

In the Gospel, Jesus gives us a recipe for greatness that has nothing to do with the greatness that I just described. In fact, it’s exactly the opposite. Instead of taking people for granted or using people in order to become great, Jesus calls for us to make ourselves lesser than everyone else. Jesus says, “Whoever wishes to be great among you will be your servant.” The first two readings speak of Jesus and his example of sacrifice for others – how he became great through his suffering for us.

I went to another meeting this past week with some parishioners from St. Francis and St. Benedict. Fredy Martinez was one of them. It was a conference that talked about parish leadership. And according to the presenter, one of the most important qualities in a good parish leader is humility. Humility is not putting yourself down, but being so confident of your talents and so grateful for your gifts that there is no need to brag about them or use them to show others how important you and I are. Humility is a big part of true greatness in all areas of our lives.

In the Presidential election of 2016, the phrase “Make America Great Again” became very popular. We smile at that slogan, knowing the irony and truth that lie in Jesus’ very different recipe for greatness - a greatness that comes from putting others first and making ourselves the servant of all.

Español:

La semana pasada asistí a una reunión de sacerdotes, y debo decir que, fue una reunión my larga. Fue, en mi opinión, una reunión muy tediosa. ¡porque a una o dos personas realmente les gusta oír a si mismo hablar! Y ellos tomaron cada oportunidad, cada punto en la agenda para decir algo, generalmente con comentarios muy largos que realmente no ayudaron la discusión. Pienso que ya ustedes tienen una idea de lo frustrado yo estaba. Para ser sacerdotes, ¡su ego era más grande que el cuarto en que nos encontrábamos!

Hay una pequeña parte en todos nosotros que quiere que nosotros nos sentimos importantes. Quizás es debido a nuestra naturaleza humana. Pero nuestra forma de satisfacer ese deseo no es lo mejor ni los más duradero. Frecuentemente, la grandeza de una persona se mide por la inteligencia, o el poder o la fuerza física. Y puede perdurar por un tiempo, pero finalmente, termina desvaneciéndose porque es egoísta y viene a costa de otras personas.

En el evangelio, Jesús nos da una receta para la grandeza que no tiene nada acerca de la grandeza que acabo de describir. De hecho, es exactamente lo contrario. En lugar de usar a otros para hacernos grandes, Jesús nos llama para que nos hagamos humildes ante los demás. Jesús dice, “El que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor.” Las primeras dos lecturas hablan de Jesús y su ejemplo de sacrificio por los demás – como se hizo grande por medio de su sufrimiento por nosotros.

También la semana pasada, asistí a otra reunión con algunos feligreses de San Francisco y San Benedicto. Fredy Martínez fue uno de ellos. La reunión fue una conferencia sobre liderazgo parroquial. Y según el presentador, una de las cualidades más importantes en un líder parroquial es la humildad. La humidad no está poniéndose por debajo de otros, sino ser tan confidente acerca de sus talentos y tan agradecido por sus regalos que no hay ninguna necesidad de jactarse acerca de ellos ni usarlos para mostrar a los demás que tan somos. La humildad es una gran parte de la grandeza verdadera en todas las áreas de nuestras vidas.

En la elección presidencial de 2016, la frase “Haga América Grande Otra Vez” se hizo muy popular. Sonreímos con ese slogan, sabiendo la ironía y verdad que es my diferente a la receta de Jesús para la grandeza – una grandeza que viene de poner a los demás primeros y hacernos siervos de todos.