Thirty-Third Sunday in Ordinary Time

Homily / November 15th, 2020

When I have a hard time sleeping at night, I get up and do a little reading. Right now, I am reading from a book written by a Jesuit, and Jesuit writing always puts me right to sleep! But I must confess that this book is very good. It’s the book on Jesus by Fr. James Martin. And perhaps as a sign from God for my homily today, I was reading a passage that spoke about fear. One really good line that I remember from my reading is that when it comes to fear, looking back allows us to look forward.

Looking back allows us to look forward. What does that mean? It means that if we look at our past, we recognize times when God helped us to get through some difficult times in our life, and because of that, there’s no need to fear. At the time, we were fearful, feeling like we were going it alone. But now looking back, we see how God was there for us all along. And those past events, that history of God in our lives, gives us the confidence to move forward – to deal with our present fears knowing God helped us before, and God will do it again.

The readings today touch on the issue of fear. From the second reading, we are reminded that there may be nothing more fearful than death. And in the Gospel, we hear how the one servant buried his treasure because he was afraid of the master. Fear is a powerful force in our lives. Look back on the political campaigns and recall how you and I were urged to vote for this or that candidate, because if we didn’t, something terrible was going to happen. This time of pandemic has created a great deal of fear in us too as we try to keep ourselves safe and healthy. There is a fear of what the winter will bring and the rising number of positive COVID cases in our state and country.

We have plenty of reasons to fear. But looking back on our lives, we also see plenty of reasons to trust and move forward. We have plenty of moments when we see that God was there for you and me. We see that our faith in God is stronger than any fear we have. I recognize times in my life, for example, when I have no clue about what to do or what to say. But as the Scriptures say, God will give us the words when we don’t have the words.

It all comes down to our trust in God, doesn’t it? We stand on the shoulders of many others whose fear is well known in the Scriptures: Martha and Mary at the death of their brother Lazarus, the disciples in the boat when Jesus walked toward them on the water, Mary Magdalen at the tomb on the morning of the resurrection. We are not alone in our fear. But what is more important is the history that God has with them and us, a history of powerful intervention and help exactly when we needed it the most. Today’s message is summed up in the words of a great Gospel song that goes, “As I look back over my life, and I think things all over, I can truly say that I’ve been blessed.” We take a moment today to look back over our lives and see how we have been blessed, how God has been there for us, and how we have no reason to fear. Looking back truly allows us to look forward.

Español:

Cuando yo tengo dificultad para dormir en la noche, me levanto y leo un poco. Ahora, estoy leyendo un libro escrito por un Jesuita, y ¡la escritura de un Jesuita siempre me pone dormir! Pero, debo confesar que este libro es muy bueno. Es el libro acerca de Jesús por el Padre Jaime Martin. Y quizás como un signo de Dios para mi homilía hoy, yo estaba leyendo un pasaje que habló del miedo. Una línea muy Buena que recuerdo de mi lectura es que cuando se trata del miedo, mirando hacia atrás nos permite mirar adelante.

Mirando hacia atrás nos permite mirar adelante. ¿Qué significa eso? Significa que, si miramos a nuestro pasado, reconocemos los tiempos cuando Dios nos ayudó pasar por algunos tiempos difíciles en nuestra vida, y debido a eso, no hay ninguna necesidad de tener miedo. En el momento, tenemos miedo, sintiendo como estamos pasando por eso solos. Pero, ahora bien, mirando hacia atrás, vemos como Dios estaba allí para nosotros todo el tiempo. Y esos eventos pasados, esa historia de Dios en nuestras vidas, nos da la confianza de movernos hacia adelante – para lidiar con nuestros miedos presentes, sabiendo que Dios nos ayudó antes, y que Dios lo hará otra vez.

Las lecturas de hoy tocan la cuestión del miedo. En la segunda lectura, se nos recuerda que no hay nada más temeroso que la muerte. Y en el evangelio, oímos como el siervo sepultó su talento porque tenía miedo del hombre. El miedo es una fuerza ponderosa en nuestras vidas. Miren atrás a las campañas políticas y recuerden como usted y yo estábamos instados a votar para este o ese candidato, porque si no, algo terrible va a pasar. Este tiempo de la pandemia ha creado mucho miedo en nosotros también mientras tratamos de mantenernos seguros y saludables. Hay un miedo sobre lo que el invierno llevará y el número creciente de casos positivos de COVID en nuestro estado y país.

Tenemos muchas razones para tener miedo. Pero mirando hacia atrás sobre nuestras vidas, vemos también muchas razones para confiar y movernos hacia adelante. Tenemos muchos momentos cuando vemos que Dios estaba allí para usted y para mi. Vemos que nuestra fe en Dios es más fuerte que cualquier miedo que tenemos. Yo reconozco tiempos en mi vida, por ejemplo, cuando no tengo ninguna pista de lo que hacer ni decir. Pero, como dicen las Escrituras, Dios nos dará las palabras cuando no tenemos las palabras.

Todo se reduce a nuestra confianza en Dios, ¿no? Estamos de pie en los hombros de muchos otros de quienes su miedo es conocido bien en las Escrituras: Marta y María después de la muerte de su hermano Lázaro, los discípulos en la barca cuando Jesús caminaba en el agua, María Magdalena en la tumba en la mañana de la resurrección. No estamos solos en nuestro miedo. Pero lo que es más importante es la historia que Dios tiene con ellos y con nosotros, una historia de intervención y ayuda exactamente cuándo lo necesitábamos más. El mensaje de hoy se resume en las palabras de un gran canto Góspel que dice, “Mientras miro hacia atrás sobre mi vida, y pienso las cosas por todas partes, puedo verdaderamente decir que he sido bendecido.” Tomamos un momento hoy para mirar hacia atrás sobre nuestras vidas y ver cómo hemos sido bendecidos, como Dios ha estado allí por nosotros, y como no tenemos ninguna razón para tener miedo. Mirando hacia atrás verdaderamente nos permite mirar adelante