Thirty-First Sunday in Ordinary Time

Homily / November 4th, 2018

Today’s readings repeat the command to love God about everything else and everybody else in both the first reading and the Gospel. The words are the heart and soul of the Jewish people. They comprise what the Jewish people call the “Shema”. The Shema prayer is prayed by the Jewish people every day both in the morning and in the evening. It is much like the Lord’s Prayer for Christians in its importance to the Jewish people: “You shall love the Lord, your God, with all your heart and with all your soul and will all your strength.”

When I did the funeral for Vivian McLemore about a month ago, I used this reading for the funeral service, because Vivian was one of those rare examples of people who truly put God before everyone else and everything else. I told the story of how I went to visit her husband after her death. And standing outside the door to their home, I read a sticker in the window of the door that read, “This house is protected by Jesus Christ. Do not steal anything from this house. If you want something, see me and I will tell you how to ask God for what you want.” That was exactly the kind of person Vivian was – a powerful woman of powerful faith.

I went a little further in that funeral service and said to her husband, “Frank, I’m sorry to say this, but your wife was unfaithful to you and loved somebody more than you!” I quickly continued to say, “She was unfaithful to you only in the sense that she put God first, even above you.” Most of us would praise a man or woman who was totally devoted to their spouse. But the readings today challenge us to think about who or what is truly Number One in our lives. For some, it’s the Green Bay Packers. For others, it’s hunting or fishing. For some, it’s video games or their I-Phone.

Who or what is our Number One priority in life? We would like to say that it’s God. But do our actions, our time, and yes, even our money reflect that? You deserve a little thanks today for just being here, because you and I know that there are plenty of folks who have convenient excuses for not coming to church. But it’s only a first step in growing to make God Number One every day of our lives. We’re getting ready to clean up the parish property this Saturday – getting rid the debris that clutters the grounds. It might not be a bad thing for us to do with our lives – removing the debris that gets in the way of making God Truly Number One above everyone and everything.

Español:

En las lecturas de hoy repiten, tanto en la primera lectura y el evangelio se repite el mandamiento de amar a Dios sobre todo y sobre todas las personas. Estas palabras comprenden lo que la gente judía llama “el Shema”. La oración “Shema” se ora por los judíos tanto en la mañana como en la noche. Su importancia es relevante a la del Padre Nuestro para los cristianos “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas.”

Cuando hice el funeral de Vivian McLemore, hace un mes atrás, usé esta lectura para el servicio funeral, la usé porque Vivian fue uno de esos raros ejemplos de personas quien verdaderamente puso a Dios antes todas las personas y todas las cosas. Conté también la historia de cuando visité a su esposo después la muerte de Vivian para hablar acerca del funeral, y estando de pie afuera de la puerta de su hogar, leí una pegatina en la ventana de la puerta que leía, “Esta casa está protegida por Jesucristo. No robe nada de esta casa. Si quiere algo, dígame y le diré como pedir a Dios por lo que quiere.” Esa, fue exactamente el tipo de persona que era Vivian – una mujer de fe poderosa.

Yo fui un poco más profundo en ese funeral y le dije a su esposo, “Francisco, siento decir esto, pero ¡su esposa fue infiel a usted y amó a alguien más que usted!” Rápidamente continué diciendo, “Fue infiel a usted en el sentido que ella puso a Dios primero, aún sobre usted.” La mayoría de nosotros pudiéramos alabar a un hombre o una mujer quien fuera totalmente dedicado a su esposo o esposa. Pero las lecturas de hoy nos desafían a pensar sobre quién o qué es verdaderamente el Numero Uno en nuestras vidas. Para algunos, es los Green Bay Packers. Para otros, es cazar o pescar. Para algunos, es sus juegos de video y su I-Phone.

¿Quién o qué es nuestra prioridad Número Uno en la vida? Pudiéramos decir que es Dios. Pero, ¿reflejan eso nuestras acciones, nuestro tiempo, y si, aún nuestro dinero? Ustedes merecen algunas gracias solo por estar aquí, porque usted y yo sabemos que hay muchas personas quienes tienen excusas convenientes para no venir a la misa. Pero es solamente un primer paso en el crecimiento para hacer a Dios el Numero Uno cada día de nuestras vidas. Nos estamos preparando para limpiar la propiedad parroquial este sábado – removiendo los escombros que desordenan la propiedad. No es mala idea para nosotros hacer lo mismo también con nuestras vidas – remover los escombros que previenen hacer a Dios el Numero Uno sobre todas las personas y todas las cosas.