Third Sunday of Easter

Homily / April 26

I was talking with a man this past week who is struggling with some personal issues. At one point, he asked to spend a little time in church. After a short while, he came back to me smiling. In St. Francis Church, there is a statue of Mary with a very traditional pose, like this [posture]. As he stood before the statue, he imagined Mary saying to him, “What’s wrong with you? Don’t you get it? You’re going to be alright. Just have a little faith in yourself.” When he told me about this ‘conversation’, we both laughed. But it meant a lot to him and he took a message with him that helped him greatly.

I will never look at the statue the same again! I will always think of that ‘conversation’ that this guy had with Mary. I am so happy that, in that moment in church, he found some peace and a message. It’s a great story of how someone can see something that others cannot see. Seeing is what Easter is so much about.

We are just in the third Sunday of Easter. But when you think about the Scriptures that we have heard so far, seeing turns up all over the place! On Easter Sunday, Mary Magdalen didn’t recognize Jesus, thinking he was the gardener. And later ran to the disciples to tell them, “I have seen the Lord!” Last Sunday, the second reading told us “Without seeing him, you love him; without seeing him, you believe.” Today we hear about the two disciples walking with Jesus who only came to see who he was in the breaking of the bread. And they too ran back to tell the disciples, “We have seen the Lord!” Easter is all about seeing.

Because of our faith, our vision and our seeing are different than that of others. In fact, we see as much or even more with our hearts than we do with our physical eyes. What allows us to see the Lord? Can you, like Mary Magdalen, like the two disciples in today’s Gospel say, “I have seen the Lord!”? The Scripture readings of Easter constantly talk about us as witnesses to the resurrection. If so, what have we seen or experienced to make us witnesses?

Last summer, I almost died in a bad car accident. And so many of you wrote notes or texts or emails in which you said, “God isn’t done with you yet!” At first, I blew it off. It’s a popular, convenient thing to say at a time like that. I couldn’t see what many people were saying. But when so many people said it, it began to sink into me and make me think that there was something to it. My eyes were opened - again, more the eyes of my heart and soul than my physical eyes. I haven’t been able to answer the question yet, and it’s a good question to mull over in my mind and heart. But you were like Jesus, opening my eyes just as he opened the eyes of Mary Magdalen and the apostles and the two disciples in today’s Gospel. We are more than just witnesses to the resurrection; we are the resurrection, bringing new life to those living in the shadows of life, shadows like this pandemic, and opening the eyes of those who cannot see the real presence of Jesus right in their lives.  

Español:

Yo estaba hablando con un hombre la semana pasada quien está pasando por una situación difícil. A un punto en la conversación, él pidió pasar un poco de tiempo en la iglesia. Después de un rato, el vino a mi sonriendo. En la Iglesia de San Francisco, hay una estatua de María en una pose muy tradicional, como esta [postura]. Mientras él estaba de pie antes de la estatua, imaginó a María diciéndole, “¿Qué sucede contigo? ¿No lo comprendes? Vas a estar bien. Solo ten un poco fe en ti mismo.” Cuando me dijo acerca de esta ‘conversación’, nos reímos juntos. Pero significó mucho para él y tomó un mensaje que lo ayudó mucho.

¡Yo nunca veré a esa estatua de la misma manera! Siempre pensaré sobre esa “conversación’ que este hombre tuvo con María. Estoy tan feliz de que, en ese momento en la iglesia, él encontró paz y un mensaje significativo. Es una gran historia de cómo alguien puede ver algo que los demás no pueden ver. De ver, de eso se trata la Pascua.

Estamos justo en el tercer domingo de la Pascua. Pero cuando piensan sobre las escrituras que hemos oído hasta ahora, ¡el hecho de ver aparece por todas partes! En el primer domingo de la Pascua, María Magdalena no reconocía a Jesús, pensando que él era el jardinero. Y después corrió a los discípulos, diciéndoles, “¡He visto al Señor!” El domingo pasado, la segunda lectura nos dijo, “A Cristo Jesús ustedes no lo han visto y, sin embargo, lo aman; al creer en él ahora, sin verlo.” Hoy, oímos de los dos discípulos caminando con Jesús quienes solamente lo reconocieron al partir el pan. Y ellos también corrieron y volvieron para decirles a los discípulos, “¡Hemos visto al Señor!” La Pascua es todo acerca de ver.

Debido a nuestra fe, nuestra visión y vista son diferentes de la de los demás. De hecho, vemos tanto si no más con nuestros corazones que con nuestros propios ojos. ¿Qué nos permite ver al Señor? ¿Pueden ustedes, como María Magdalena, como los dos discípulos en el evangelio de hoy, decir, “He visto al Señor!”? Las escrituras de la Pascua constantemente hablan acerca de nosotros como los testigos de la resurrección. Si es así, ¿Que hemos visto o experimentado nosotros para hacernos los testigos?

El verano pasado, Yo casi morí en un accidente automovilístico. Y muchos de ustedes me escribieron notas o textos o correos electrónicos en donde me dijeron, “¡Dios no ha terminado contigo!” Primero, lo descarté. Es una cosa popular y conveniente para decir en un momento como ese. Yo no podía ver lo que muchos estaban diciendo. Pero cuando tanta gente lo dijo, comenzó a tener sentido para mí y me hizo pensar que había algo más en eso. Mis ojos se abrieron – nuevamente, se abrieron más los ojos de mi corazón y alma que mis ojos físicos. No, todavía no he podido contestar la pregunta, y es una buena pregunta para reflexionar en mi mente y corazón. Pero ustedes fueron como Jesús, abrieron mis ojos, así como Jesús abrió los ojos de María Magdalena, los apóstoles y los dos discípulos en el evangelio de hoy. Somos más que solo los testigos de la resurrección; nosotros somos la resurrección llevando la nueva vida a los que viven en las tinieblas de vida, tinieblas como la pandemia, y abriendo los ojos de quienes no pueden ver bien la presencia real de Jesús en sus vidas.

- Padre Miguel