Third Sunday of Advent

Homily / December 13th, 2020

John the Baptist is one the most important people in this season of Advent. He announced the coming of Jesus and asked everyone to prepare the way of the Lord. Whoever painted this mural here in St. Francis wanted to honor him and give him credit for the place that he has in Jesus’ life. Normally in a mural like this, Mary is depicted on one side of Jesus and St. Joseph on the other side. Not here. Instead of Joseph, John the Baptist stands alongside Jesus. Whoever painted this mural knew of the important role that John played in announcing the coming of Jesus.

But we may give John the Baptist more credit than he deserves. This past week, I was reading a commentary about one of the Advent readings. The commentary mentioned that John the Baptist may not have been completely sure about who Jesus was and what Jesus was going to do. There is a little proof of this in another Gospel in which John sends his followers to Jesus to ask him, “Are you the Messiah who is to come, or should we look for someone else?” After all, when John was preaching, Jesus had not yet made an appearance; he had not yet begun his ministry. So maybe John had his own questions about Jesus.

We don’t. And the first reading today makes that clear. Contrary to what the People of Israel expected, Jesus was not a mighty warrior king who would free the Israelites from the oppression of the Romans who occupied Israel at the time. The first reading today makes it clear what Jesus came to do: to bring glad tidings to the poor, to heal the brokenhearted, to proclaim liberty to the captives, and release to prisoners.

To heal the brokenhearted. If you were at the Mass for the Immaculate Conception last week, you would have witnessed some healing of the brokenhearted: for women who struggle with infertility, who have had a miscarriage, who have lost a child. It was a powerful Mass that left many of us in tears.

To proclaim release to prisoners. Also last week, I got a letter from one of the men incarcerated at the Chaney Center who volunteered here at St. Francis until the pandemic broke out. He wrote, “Dear. Fr. Mike, I would ask how you’ve been doing, but I’ve seen you in the news so many times, I only hope that fame hasn’t gone to your head! Lol Fr. Mike, coming to St. Francis is life-altering for us inmates. Your church is so cool and inviting. I’m looking forward to doing a lot more volunteering down there. Could you write a letter of recommendation for me as I am applying for early release from prison. Take care, Fr. Mike.”

To bring glad tidings to the poor. Thank you for the generosity you have shown for the poor and especially through the Giving Tree and the collection of personal hygiene items this year. I wish you all could be in the office when needy families come to pick up the gifts that you provide for them. Frequently, the families are brought to tears at the kindness of strangers like you. 

As much as the prophet Isaiah, we are called to bring glad tidings to the poor, to heal the brokenhearted, to proclaim liberty to the captives and release to prisoners. Keep up the wonderful work you do, because while John the Baptist may not have known exactly what Jesus is about, you do.

Español:

Juan Bautista es una de las personas más importantes en esta temporada del Adviento. El anunció la venida de Jesús y pidió a todos preparar el camino del Señor. La persona que pintó este mural aquí en San Francisco quería honrarlo y darle crédito por el lugar que Juan tiene en la vida de Jesús. Normalmente en un mural como este, María estaría en un lado de Jesús y San José en el otro lado. No en este. En lugar de José, Juan Bautista está de pie junto a Jesús. Quien pintó este mural sabía el papel importante de Juan al anunciar la venida de Jesús.

Pero nosotros a lo mejor de damos más crédito a Juan Bautista del que merece. La semana pasada, yo estaba leyendo un comentario acerca de una de las lecturas del Adviento. El comentario mencionaba que Juan Bautista quizás no estaba completamente seguro acerca de quién era Jesús y lo que Jesús iba a hacer. Hay pocas pruebas de esto en otro evangelio en que Juan le envió a sus seguidores a Jesús para preguntarle, “¿Es usted el Mesías que vendrá, o debemos nosotros buscar alguien más?” Después de todo, cuando Juan estaba predicando, Jesús no había hecho una apariencia; ya que no había comenzado su ministerio. Quizás Juan tenía sus propias preguntas acerca de Jesús.

Nosotros no. Y la primera lectura de hoy lo deja muy claro. Al contrario de lo que el Pueblo de Israel esperaba, Jesús no era un poderoso rey de guerra quien pudiera liberar a los Israelitas de la opresión de los Romanos que ocupaban Israel en el momento. La primera lectura de hoy deja claro lo que Jesús vendría a hacer: anunciar la buena nueva a los pobres, curar a los de corazón quebrantado, proclamar el perdón a los cautivos, para proclamar la libertad a los prisioneros.

Para curar a los de corazón quebrantado. Si asistió a la misa de la Inmaculada Concepción la semana pasada, hubiera presenciado la curación del corazón quebrantado: para las mujeres que luchan con la esterilidad, que han tenido un aborto espontáneo, que han perdido a un hijo. Fue una misa poderosa que dejó a muchos con lágrimas en el rostro.

Para proclamar la libertad a los prisioneros. También la semana pasada, recibí una carta de uno de los encarcelados en el Centro Chaney quien ofreció servicio voluntario aquí en San Francisco hasta que llego la pandemia. Escribió, “Querido Padre Miguel, yo preguntaría como estás, pero te he visto en las noticias tantas veces, ¡solo espero que esta fama no se te ha subido a tu cabeza! Lol Padre Miguel, asistir a San Francisco cambia la vida para nosotros, los presos. Tu iglesia es tan acogedora. Estoy esperando a hacer mucho más servicio voluntario allí. ¿Pudieras tu escribir una carta de recomendación para mi mientras yo aplico para la liberación anticipada de la prisión? Cuídate, Padre Miguel.”

Para anunciar la buena nueva a los pobres. Gracias por la generosidad que ustedes han mostrado por los pobres y especialmente con el Árbol de la Navidad y la colecta de artículos de higiene personal este año. Me gustaría que todos estuvieran en la oficina cuando las familias necesitadas vienen para recoger los regalos que ustedes proveen para ellos. Frecuentemente, las familias lloran ante la bondad de desconocidos como ustedes.

Así como el profeta Isaías, somos llamados a traer la buenas nuevas a los pobres, para curar a los de corazón quebrantado, para proclamar el perdón a los cautivos, y la libertad a los prisioneros. Mantengan el buen trabajo que hacen, porque mientras Juan Bautista no sabía exactamente de qué se trataba Jesús, ustedes lo saben.