Third Sunday in Ordinary Time

Homily / January 24th, 2021

The Gospels for this early part of the year, this Ordinary Time in the Church year talk a lot about the beginning of Jesus’ ministry. And one of the first things that he does is to choose his 12 apostles.

They were quite a bunch of followers! A good number of them were fishermen. Matthew was a tax collector and hated by the Jews because he worked for Rome and betrayed his own country people. James and John were called the “sons of thunder” partly because of their temper and hot-headedness. One writer describes Peter as a “duh-ciple” because at times he could do or say some really stupid things. “Duh-ciple”, I like that description!

But think about the Gospels that we have heard in which Jesus chooses this motley crew. Not once does he say “You need to change this about yourself.” Not once does he say “If you’re going to follow me, you are going to have to do this or do that.” No. In the words of the Billy Joel song, Jesus says, “I take you just the way you are.”

And Jesus takes us just the way we are. We sometimes forget that. Jesus takes us just the way we are. No questions asked. He sees something good in us and welcomes us as one of his followers. Whenever I work with an engaged couple, they have to answer this question: “Are you placing any conditions on getting married?”, because it needs to be a full and free consent. The same is true for Jesus. He placed no conditions when it comes to including us among his followers. He accepts us fully and freely.

God knows we’re not perfect! And those imperfections came to the surface in Jesus’ disciples, too. How many times did Jesus work with the shortcomings of his disciples? At times, you had to wonder if these Twelve were ever going to really get the message of Jesus. But he stuck with them, never sending a single one of them away. Jesus does the same with us – putting up with our shortcomings, hanging in there with us, and never sending us away.

As human beings, we all too often look at our shortcomings and deficiencies – I’m not tall enough. I’m not smart enough. I’m not very talented or athletic. I’m fat and out-of-shape. We look at the glass half-empty instead of looking at the glass half-full. Jesus looks at our glass half-full and assures us that he’ll fill the rest.

That becomes not only our blessing, but also our message. Like Jesus, we need to look at one another for the good that lies in each one of us, instead of concentrating on the shortcomings of one another. The good that lies in each one of us, the good that each one of us has to contribute adds up to make the one great body of Christ.

Español:

Los evangelios de esta primera parte del año, en el Tiempo Ordinario en la Iglesia hablan mucho acerca del comienzo del ministerio de Jesús. Y una de las primeras cosas que Jesús hace es escoger sus doce apóstoles.

¡Y ellos eran un montón de seguidores! Un número de ellos eran pescadores. Mateo era un recaudador de impuestos y odiado por los judíos porque trabajaba para Roma y traicionaba a sus propios compatriotas. Jaime y Juan eran llamados “los hijos de trueno” en parte debido a su temperamento irreflexivo. Una escritora describe a Pedro como un “duh-cípulo” porque a veces pudiera hacer o decir cosas realmente estúpidas. ¡“Duh-cípulo”, me encanta esa descripción!

Pero, piensen sobre los evangelios que hemos oído en donde Jesús escoge este equipo tan variado. Ni una sola vez dice “Usted necesita cambiar esto acerca de usted.” Ni una sola vez dice “Si quiere seguirme, va a tener que hacer esto o eso.” No. En las palabras del canto de Billy Joel, Jesús dice, “Te tomo justo de la manera que eres.”

Y Jesús nos toma justo de la manera que somos. A veces, lo olvidamos. No se hacen preguntas. Jesús ve algo muy bueno en nosotros y nos da la bienvenida como uno de sus seguidores. Cuando yo trabajo con una pareja comprometida, ellos tienen que responder esta pregunta: “Están ustedes poniendo cualquier condición sobre su consentimiento?, porque necesita ser un consentimiento lleno y libre. Lo mismo aplica con Jesús. No pone condiciones cuando se trata de incluirnos entre sus seguidores. Nos acepta completa y libremente.

¡Dios sabe que no somos perfectos! Y esas imperfecciones salieron a la superficie en los discípulos de Jesús, también. ¿Cuántas veces trabajo Jesús con los defectos de sus discípulos? A veces, tenemos que preguntarnos si estos doce alguna vez iban a entender el mensaje de Jesús. Pero permaneció con ellos, nunca despidió a ninguno de ellos. Jesús hace lo mismo con nosotros – aguanta nuestros defectos, está ahí con nosotros, y nunca nos despide.

Como seres humanos, frecuentemente miramos nuestros defectos y deficiencias – No soy lo suficiente alto. No soy lo suficiente inteligente. No soy muy talentoso ni atlético. Soy gordo y fuera de forma. Miramos el vaso medio vacío en vez de medio lleno. Jesús mira nuestro vaso medio lleno y nos asegura que llenará el resto.

Eso se hace no solo nuestra bendición, sino nuestro mensaje. Como Jesús, necesitamos mirar el uno al otro por la bondad que está en cada uno de nosotros, en vez de concentrarse en los defectos el uno del otro. La bondad que está en cada uno de nosotros, la bondad que cada uno de nosotros tiene para contribuir, suma para hacer el gran cuerpo de Cristo.