The Most Holy Trinity

Homily / June 7th, 2020

I had a wedding yesterday. It was not the first wedding for either the bride or the groom. Because of that and because they are a humble couple, not wanting a big show for this wedding, we decided to use the readings for the Sunday whatever those readings would be. I knew that this was Trinity Sunday, so I truly did not expect any good readings for a wedding. But I was pleasantly surprised when I looked especially at the second reading. Imagine for a moment that you are that couple, and here are the words for your wedding: “Mend your ways. Encourage one another. Agree with one another. Live in peace, and the God of love and peace will be with you.” I thought to myself, “You can’t find a better Scripture reading than this for a wedding!”

The reverse is true too. We could not have better readings for a Sunday like Trinity Sunday. For, in the words of the evangelist St. John, we find that simple, powerful, direct description of who God is: God is love, whether that be God who created us, Jesus who redeemed us, or the Holy Spirit who continues to live in us. As I celebrated the wedding and the love of these friends of mine yesterday, it dawned on me that love is the essence, the heart of what the Trinity is in our lives. Throughout the ages, God has and continues to conduct this campaign of convincing us of God’s love for us that has extended throughout time. In the famous words of today’s Gospel, it reached something of a highpoint when God so loved the world that the only Son of God was delivered up for us so that we might have eternal life.

That love is not always easy for us to see or know. Take the present time for example. We pray for deliverance from a long, lingering pandemic and question how [in the plan of God] something like a pandemic would come upon us. We are still reeling from the death of George Floyd and the demonstrations that rocked our country long afterward. In our desire for a just world, we become cynical as our best efforts for justice amount to practically nothing, leaving us to question that very love of God.

Last week, I got a text from a couple whose wedding I performed fifteen years ago. I haven’t heard from them since their wedding. But the wife texted me to say that she remembered on her wedding day that my fondest wish for her and husband was that their wedding day would be the day of least love in all their married life, and that every day they would together grow more in love. She joked with me that on most days of their fifteen years, she felt the love! And I believe that our relationship with God is something of the same. It isn’t every day that we see or experience God’s love, but overall, it’s a wonderful relationship.  

God is wedded to us in love through the Trinity. As the Trinity spans all of eternity, so too does the love of God for us.

Español:

Yo tuve una boda ayer. No fue la primera boda ya sea para la novia o el novio. Debido a eso y porque ellos son una pareja humilde, no queriendo un gran espectáculo para esta boda, decidimos usar las lecturas para el domingo cualesquiera que fueran esas lecturas. Yo sabía que este era el domingo de la Trinidad, pues verdaderamente no esperaba ningunas lecturas buenas para una boda. Pero me sorprendí agradablemente cuando miré especialmente a la segunda lectura. Imaginen por un momento que ustedes son esa pareja, y aquí están las palabras para su boda: “Trabajen por su perfección, anímense mutuamente, vivan en paz y armonía. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes.” Yo pensé a mí mismo, “¡No pude encontrar una lectura mejor de las escrituras que esta para una boda!”

Lo contrario es cierto también. No pudiéramos tener mejores lecturas para un domingo como el domingo de la Trinidad. Pues, en las palabras del evangelista San Juan, encontramos esa descripción sencilla, poderosa y directa de quien es Dios: Dios es el amor, ya sea Dios quien nos creó, o Jesús quien nos redimió, o el Espíritu Santo quien continúa viviendo en nosotros. Cuando yo celebraba la boda y el amor de estos amigos míos ayer, me di cuenta que el amor es la esencia, el corazón de lo que la Trinidad es en nuestra vida. Por todos los siglos, Dios ha conducido y continúa conduciendo esta campaña para convencernos del amor de Dios por nosotros que se ha extendido por todo el tiempo. En las palabras famosas del evangelio de hoy, alcanzó un punto alto cuando Dios amó el mundo tanto que el único Hijo de Dios fue entregado por nosotros para que nosotros tengamos la vida eterna.

Ese amor no es siempre fácil para nosotros de ver o conocer. Tomen el presente, por ejemplo. Oramos por la liberación de una pandemia larga y constante y preguntamos cómo [en el plan de Dios] algo como una pandemia puede venir sobre nosotros. Estamos todavía tambaleándonos ante la muerte de George Floyd y las manifestaciones que sacudieron nuestro país mucho después. En nuestro deseo para un mundo justo, nos hacemos cínicos mientras nuestros esfuerzos para mejorar la justicia equivalen a prácticamente nada, dejándonos a cuestionar ese mismo amor de Dios. 

La semana pasada, recibí un mensaje de texto de una pareja cuya boda celebré hace quince años atrás. No he oído de ellos desde su boda. Pero la esposa me envió un mensaje de texto para decirme que, en el día de su boda, ella recordó mi mejor deseo para ella y su esposo, el cual fue que el día de su boda fuera el día de menos amor en toda su vida matrimonial, y que cada día, ellos pudieran crecer juntos en el amor. Ella bromeó conmigo diciendo que, en la mayoría de sus quince años, ¡ella sintió el amor! Y yo creo que nuestra relación con Dios es algo de lo mismo. No todos los días vemos o experimentamos el amor de Dios, pero en general, es una relación maravillosa.

Dios está casado con nosotros en amor por la Trinidad. Así como la Trinidad abarca toda la eternidad, también abarca el amor de Dios por nosotros.