The Holy Family of Jesus, Mary and Joseph

Homily / December 27th, 2020

When we celebrate something like the Holy Family of Jesus, Mary and
Joseph, we can’t help but think about our own family – our parents and
brothers and sisters. We all have a family of origin into which we were
born. But there are other groups of people that we call family, too.
I think of Raven Thurman whom I call my sister, and she calls me her
brother. Like good siblings, we kid each other. She’s constantly
reminding me that I’m older than she is! We all have close, personal
friends that can best be described as “a brother by another mother” or “a
sister by a different mister”. And they are very much family to us.
I hear any number of people refer to St. Francis Parish as their family. It
is here where people find love and friendship, strength and support,
acceptance and understanding. I saw that powerfully shown a couple of
years ago when Teenasia Scobey-Polacheck went missing for almost
two weeks before being discovered. If you look on our parish webpage,
it states, “We see ourselves more than a church; we are family.” And I’m
proud of you for that.
Even our society and community can constitute family for us. An African
proverb reminds us that “it takes a village to raise a child”. I have friends
in the Schweihofer family back in St. Clair, Michigan. And one of the
things that I’ve admired about their huge, extended family is that when
one of the nieces or nephews or grandchildren gets into out-of-line, any
member of the family has the unspoken and understood right to correct
that child, even if it is not their own child. Not every family can get to that
depth of family nor take responsibility for one another like that.
So what makes a family “holy”? The second reading doesn’t talk
specifically about families, but contains a lot of qualities and virtues that
we look for in our families. If you read those qualities and virtues, an
underlying message is for us to look beyond ourselves and work, really
work to maintain those family relationships. And it takes real work. That
reading talks about compassion, humility, and forgiveness – all which
speak of trying to understand our brother or sister before ourselves. And
over all of these, St. Paul says, put on love, the bond of perfection. No
one of us would claim to have the perfect family. But love is that glue
that keeps us together and overlooks all of our shortcomings, isn’t it?

In this Christmas season, we give thanks for the great love of God that
was shown to us in the birth of Jesus. Love came to birth on Christmas
morning. But from there, we have the responsibility to cultivate that love,
nurture that love, and build on that love. It isn’t easy. But Mary and
Joseph didn’t have it easy either. They experienced a lot of sacrifice and
even suffering in raising Jesus. Did you hear that line in today’s Gospel
where Simeon said to Mary, “You yourself a sword will pierce so that the
thoughts of many hearts may be revealed”? Many families can identify
with that sacrifice and suffering. If we can call Jesus, Mary and Joseph a
“holy” family, there’s also a lot of holiness right here in our midst, too.
Thank you for the example, the holy example, that you and your families
show me.


Español:


Cuando celebramos algo como La Sagrada Familia de Jesús, María y
José, no podemos evitar pensar en nuestra propia familia – nuestros
padres, hermanos y hermanas. Todos nosotros tenemos una familia de
origen en la que fuimos nacidos. Pero hay otros grupos de personas
que llamamos familia también.
Yo pienso en Raven Thurman a quien llamo mi hermana, y ella me
llama su hermano. Como buenos hermanos, nos bromeamos.
Constantemente ella me recuerda que soy más viejo que ella. Todos
nosotros tenemos amigos cercanos y personales que están mejor
descritos como “un hermano de otra madre” o “una hermana de padres
diferentes”. [Suena mejor en inglés.] Y ellos como familia para nosotros.
Yo oigo cualquier número de personas que se refieren a la Parroquia de
San Francisco como su familia. Es aquí donde las personas encuentran
al amor y la amistad, la fuerza y el apoyo, la aceptación y la
comprensión. Vi cómo se mostró poderosamente hace un par de años
atrás cuando Teenasia Scobey-Polacheck desapareció por casi dos
semanas antes de ser encontrada. Si miran la página web de la
parroquia, se afirma que “nos vemos a nosotros mismos más que una
iglesia; somos familia”. Y yo estoy orgulloso de ustedes por eso.
Aun nuestra sociedad y comunidad puede constituir familia para
nosotros. Un proverbio africano nos recuerda que “Se necesita un
pueblo para criar a un niño.” Tengo unos amigos en la familia

Schweihofer en Santa Clara, Michigan. Y una de las cosas que admiro
acerca de su familia enorme y extensa es que cuando uno de los
sobrinos o nietos se sale de la línea, cualquier miembro de la familia
tiene el derecho para corregir ese niño, aun si no es su propio niño. No
cada familia puede tener esa profundidad ni tomar responsabilidad uno
por el otro de esta manera.
Entonces, ¿qué hace a una familia “santa”? La segunda lectura no
habla específicamente acerca de las familias, pero contiene muchas
cualidades y virtudes que buscamos en nuestras familias. Si leen esas
cualidades y virtudes, un mensaje subyacente para nosotros es ver más
allá de nosotros mismos y trabajar, realmente trabajar para mantener
esas relaciones familiares. Y se necesita trabajo real. Esa lectura habla
de la compasión, la humildad, y el perdón – todo que hable de tratar de
comprender a nuestros hermanos antes de nosotros mismos. Y sobre
todas estas virtudes, tengan amor, el vínculo de la perfecta unión.
Ninguno de nosotros reclamaría tener la familia perfecta. Pero el amor
es el pegamento que nos mantiene juntos y pasa por alto todas
nuestras carencias, ¿no?
En esta temporada navideña, damos gracias por el gran amor de Dios
mostrado a nosotros en el nacimiento de Jesús. El amor vino a nacer en
la mañana de la Navidad. Pero desde allí, tenemos la responsabilidad
de cultivar ese amor, para criar ese amor, y para construir sobre ese
amor. No es fácil. Pero María y José tampoco lo tuvieron fácil.
Experimentaron mucho sacrificio y aun sufrimiento al criar a Jesús.
¿Oyeron ustedes esa línea en el evangelio de hoy donde Simeón le dijo
a María, “A ti, una espada te atravesará el alma, ¿para que queden al
descubierto los pensamientos de todos los corazones”? Muchas familias
se pueden identificar con ese sacrifico y sufrimiento. Si podemos llamar
a Jesús, y María y José “una sagrada familia”, hay mucha santidad justo
aquí en medio de nosotros también. Gracias, por el santo ejemplo que
ustedes y sus familias me muestran.