The Ascension of the Lord

Homily / June 2, 2019

The end of the first reading has an interesting scene to it. The
disciples are looking up into the sky as Jesus ascends into heaven.
And two angels appear and ask them, almost in an unbelieving
way, “What are you looking at? Why are you so surprised at this?
Didn’t Jesus tell you all along that he was going to the Father?”

I believe we have moments like that, too: moments when we feel like
Jesus has left us. But the promise of Jesus, one of the strong
messages of this Easter season is “I will be with you always.” That
was true for the apostles and it’s true for us.
 
For the apostles and for us, these are times when our faith is tested.
Can we believe in the presence of God when we endure hard times?
As a former teacher, I like a saying that I found on Facebook that
goes, “The teacher is always silent during a test.” How true that is for
the classroom, how true that is for our lives.
 
The second reading today had a line that reads, “May the eyes of
your heart be enlightened.” Can we think of times in our lives when
our hearts have been enlightened, when our lives have been
strengthened by experiences of Jesus truly being with us? The
apostles had their eyes enlightened when they began preaching the
Word of God and experienced powerful moments that could only be
explained as Jesus working in and through them.
 
Last weekend, I had a wedding in Minnesota, and the bride’s family is
struggling with a family member who is addicted to heroin. In such
families, it is not unusual to find anger and hurt as an addict will lie

and steal from their own family members. The groom, however, is a
recovering alcoholic, someone who knows very personally what
addiction is all about. When I spoke to him, I told him, “You are a
blessing to this family. Your addiction has become a blessing,
because you will be able to lead this family out of their anger and
hurt.” His cross, his alcoholism, has become a grace for others in 
their lives. God has wonderful and mysterious ways of entering into
our lives, of putting people in our lives to remind us of the words of
Jesus: “I am with you always.”
 
At the Ascension, the apostles stood there looking up into the sky,
amazed at what they saw. May our eyes of our hearts become more
enlightened and amazed at the powerful ways in which Jesus is still
so very present to us in our lives.

 

Español:


El final de la primera lectura tiene una escena interesante en ella. Los
discípulos están mirando el cielo mientras Jesús asciende. Y dos
ángeles aparecen y les preguntan, casi de una manera incrédula,
“¿A que están ustedes mirando? ¿Porque están ustedes
sorprendidos sobre esto? ¿No les dijo Jesús a ustedes que se iba
al Padre?”

Creo que tenemos momentos como eso, también: momentos cuando
nos sentimos que Jesús nos ha dejado. Pero la promesa de Jesús,
y uno de los mensajes fuertes de esta temporada pascual es “Estaré
siempre con ustedes.” Eso fue verdad para los apóstoles y es verdad
para nosotros.

Para los apóstoles y para nosotros, estos son tiempos cuando nuestra fe
es puesta a prueba. ¿Podemos nosotros creer en la presencia de Dios
cuando atravesamos por tiempos duros? Como maestro que fui en el pasado,
me gusta un dicho que encontré en Facebook que dice, “El maestro
siempre es silencioso durante una prueba.” Es tan cierto eso tanto
para el salón de clases, como para nuestras vidas.

La segunda lectura de hoy tenía una línea que dice en inglés, “Que
los ojos de su corazón sean ilustrados.” ¿Podemos nosotros pensar
en los tiempos de nuestras vidas cuando nuestros corazones han
sido ilustrados, cuando nuestras vidas han sido fortificadas por las
experiencias de Jesús verdaderamente estando con nosotros? Los
apóstoles tenían sus ojos ilustrados cuando comenzaron a predicar
la Palabra de dios y experimentaron momentos poderosos que
solamente pudieran ser explicados como Jesús trabajando en y por
ellos.

El fin de semana pasado, tuve una boda en Minnesota, y la
familia de la novia está luchando con un miembro de la familia que es
adicto a heroína. En semejantes familias, no es raro encontrar el
enojo y la herida mientras un adicto miente y roba a sus propios
miembros familiares. El novio, sin embargo, es un alcohólico
recuperando, alguien quien sabe muy personalmente lo que la
adicción es. Cuando hablaba con él, le dije, “Tu eres una
bendición a esta familia. Su adicción ha sido una bendición, porque
tu podrás guiar esta familia en su enojo y herida.” Su cruz, su
alcoholismo, ha sido una gracia para los demás en sus vidas. Dios
tiene maneras maravillosas y misteriosas de entrar a nuestras vidas, de

poner a las personas en nuestras vidas para recordarnos de las
palabras de Jesús: “Estaré siempre con ustedes.”

En la Ascensión, los apóstoles estaban de pies allí mirando al cielo,
asombrados de lo que vieron. Que los ojos de nuestros
corazones se hagan más ilustrados y asombrados de las maneras
ponderosas en que Jesús todavía se hace presente a nosotros en
nuestras vidas.

Fr. Mike