Sunday of Divine Mercy

Homily / April 11, 2021

Most of you know that my background is in music. I have a master’s degree in music from the University of Michigan where I studied organ and piano. I remember Mother Shakespeare – God rest her soul – who said to me once, “Did the Capuchins send you here because you can play the organ in our church?” No, Mother Shakespeare. The Capuchins don’t make assignments like that.

Being here at St. Francis has been such an education for me in music that I never knew, especially Gospel songs and Spanish music. I love them both. Sometimes I find myself at a loss for words when it comes to preaching because the music conveys the message so much better. I thought of this last Sunday, Easter Sunday, when Sam and the musicians did a song with the lyrics, “There’s a power in the name of Jesus; break every chain.” I was almost depressed after hearing that song, because I thought to myself, “Why did I even bother to preach?! That song sums it up!”

In today’s Gospel, we hear how Jesus twice walked through the locked doors to reach the disciples. I like that description, that image. Jesus just barged right in. There was nothing that was going to separate him from his disciples. He loved them so much. And in doing so, he broke the chains of fear that controlled them. His love dispelled their fear. There’s a power in the name of Jesus; break every chain.

We might look at the “chains” we have in our lives – the heavy chains that keep us in fear, just like the disciples: chains of sorrow and grief; chains of illness and aging; chains of low self-esteem, chains of disappointment or failure in life, the chains that society’s labels place upon us. Like he did for the disciples, Jesus barges through the locked doors of our lives, breaking the chains that hold us back from being fully human, truly happy, self-fulfilled, and redeemed by the dying and rising of Jesus.  

We so often hear today’s Gospel and focus on “doubting Thomas”. Maybe we’re missing a more powerful message in the insistence, the drive, and the love of Jesus to reach us even through our locked doors and break the chains weigh us down in life. Because there’s a power, an overwhelming power in the name of Jesus who said to his disciples and still says to us, “I will break every chain”.

Español:

Muchos de ustedes saben que mi experiencia está en la música. Tengo una maestría en música de la Universidad de Michigan donde estudié el órgano y piano. Yo recuerdo a Mother Shakespeare – Dios guarde su alma – quien me dijo una vez, “¿Los Capuchinos te enviaron aquí porque puedes tocar el órgano en nuestra iglesia?” No, Mother Shakespeare. Los Capuchinos no hacen misiones como esa. 

Estando aquí en San Francisco ha sido tal la educación que recibido en cuanto a la música con cosas que yo no sabía, especialmente los cantos Góspel y la música en español. Me encantan ambos. A veces, me encuentro a mí mismo sin palabras cuando se trata de predicar, porque la música transmite el mensaje mucho mejor. Yo pensaba el domingo pasado, el domingo de la Pascua, cuando Sam y los músicos ofrecieron un canto con la letra, “Hay poder en el nombre de Jesús; romper cada cadena.” Yo estaba casi que, deprimido después de oír ese canto, porque yo me decia a mí mismo, “¿Por qué me molesté en predicar? ¡Ese canto dice todo!”

En el evangelio de hoy, oímos como Jesús dos veces caminaba por las puertas bloqueadas para alcanzar a los discípulos. Me gusta esa descripción, esa imagen. Jesús irrumpió directamente. No habia nada que lo separaría de sus discípulos. Los amaba mucho. Y en hacerlo, rompió las cadenas del miedo que los controlaban. Su amor disipa su miedo. Hay un poder en el nombre de Jesús; romper cada cadena.

Nosotros miraríamos las “cadenas” que tenemos en nuestras vidas – las cadenas que nos mantienen en miedo, así como los discípulos: las cadenas de dolor; las cadenas enfermedad y envejecimiento; las cadenas de la baja autoestima, las cadenas de decepción o fracaso en la vida, las cadenas que la sociedad ponen sobre nosotros. Así como hizo para los discípulos, Jesús irrumpe por las puertas bloqueadas de nuestras vidas, rompiendo las cadenas que nos retienen de ser completamente humanos, verdaderamente felices, autocumplidos, y redimidos por la muerte y resurrección de Jesús.  

Frecuentemente, oímos el evangelio de hoy y nos enfocamos en la duda de Tomás. Quizás nos falta un mensaje más poderoso en la insistencia, el impulso, y el amor de Jesús al alcanzarnos aun ante nuestras puertas bloqueadas y romper las cadenas que nos pesan en la vida. Porque hay poder, un poder abrumador en el nombre de Jesús quien les dijo a sus discípulos y todavía nos dice a nosotros, “Romperé cada cadena.”