Seventh Sunday in Ordinary Time

Homily / February 24, 2019

There are moments in life when a simple statement says it all. An example is the epitaph that goes on someone’s tombstone. An epitaph is meant to summarize the life of the deceased person in a few short words. On Dr. King’s tombstone, for example, are inscribed some of his most famous words: “Free at last, free at last. Thank God Almighty, I’m free at last.” Some people would remember Merv Griffin who was a popular TV game show host. His tombstone reads “I will not be right back after this message.”

Listening to the Scriptures for today, Jesus suggests an epitaph that could be put on the tombstone of any follower of Jesus. And that motto is this: “Above and beyond”. That motto and the Scriptures for today describe how we are to live our faith: above and beyond the norm. Jesus is not satisfied with just what is expected; he asks us to go above and beyond what we are asked to do. When it comes to love, love your enemies. When it comes to doing good, do good to those who hate you. And when it comes to suffering, offer the other cheek to those who would hurt us.

Let’s go back to where Jesus says, “Love your enemy.” That’s pretty extreme, but it demonstrates how Jesus looks for us to go above and beyond. We might dismiss the thought that we have any enemies. But who is that person that is difficult for you and me to love? In our over-politicized world, it’s not hard to find someone in politics that we practically hate. If you and I have someone in mind, we have found someone pretty close to an enemy that Jesus asks us to love. Can we love that person? Can we at least pray for that person? The other day, I heard someone say that they won’t do anything to support this archdiocese of Milwaukee. Is there absolutely no good to be found in the archdiocese? If we say, “Yes”, then we have found something pretty close to an enemy that Jesus asks us to love.

But above and beyond doesn’t only apply to us. It also applies to God. At the end of today’s Gospel, Jesus reminds us that for whatever we do in acts of charity or kindness or sacrifice, God will go above and beyond anything we expect to reward us. One of my personal mottos that I believe very much is this: God will never be outdone in generosity, never. Why are we so stingy when God promises to overwhelm us with blessing for whatever little act of charity or kindness or sacrifice we make for others? Because God will never be outdone in generosity.

Above and beyond - It is our life challenge, but it is also our unimaginable reward.

Español:

Hay momentos en la vida cuando una declaración sencilla dice todo. Un ejemplo de eso, es el epitafio que se pone en la tumba de alguien. Un epitafio resume la vida de un difunto en pocas palabras. En la tumba de Dr. Martin Luther King, por ejemplo, están escritas algunas de sus palabras más famosas: “Libre por fin, libre por fin. Gracias a Dios Todopoderoso, soy libre por fin.” Algunas personas recuerdan a Merv Griffin quien era un presentador de juegos en el televisor. En su tumba se lee “Yo no voy a regresar justo después de este mensaje.”

Escuchando a las escrituras de hoy, Jesús sugiere un epitafio que pudiera ser puesto en la tumba de cualquier seguidor de Jesús. Y que este diga: “Encima y más allá.” Ese dicho y las escrituras de hoy describen como vivimos nuestra fe: encima y más allá de la norma. Jesús no está satisfecho con lo que es esperado solamente; nos pide irnos encima y más allá de lo que estamos pedidos hacer. Cuando se trata del amor, amen a sus enemigos. Cuando se trate de hacer lo bueno, haz lo bueno a los quienes odian a ustedes. Y cuando se trate del sufrimiento, ofrezca la otra mejilla a los quienes pudieran hacernos daño. 

Regresemos a donde Jesús dice, “Amen a sus enemigos.” Es casi extremo, pero muestra como Jesús quiere que nosotros vayamos encima y más allá. Podemos despedir la idea que tenemos enemigos. Pero ¿quién es esa persona que es difícil amar para usted y para mí? En nuestro mundo de la política, no es difícil encontrar a alguien en la política a quien prácticamente odiamos. Si usted y yo tenemos a alguien en mente, hemos encontrado a alguien como un enemigo quien Jesús nos pide amar. ¿Podemos nosotros amar a esa persona? ¿Por lo menos, podemos nosotros orar por esa persona? El otro día, yo oí a alguien dice que no hará nada para apoyar al arquidiócesis de Milwaukee. ¿No hay absolutamente nada bueno acerca del arquidiócesis? Si decimos, “Si”, entonces hemos encontrado algo acerca de un enemigo que Jesús nos pide amar.

Pero, encima y más allá no aplica solamente a nosotros. Aplica también a Dios. Al fin del evangelio de hoy, Jesús nos recuerda que por lo que hacemos en los actos de caridad o amabilidad o sacrificio, Dios vaya encima y más allá de cualquier cosa que esperamos para recompensarnos. Uno de mis dichos personales en que creo mucho es esto: Dios nunca será superado en generosidad, nunca. ¿Porque somos tan tacaños cuando Dios promete abrumarnos con bendición por cualquier pequeño acto de caridad o amabilidad o sacrificio que hacemos por los demás? Porque Dios nunca será superado en generosidad y recompensa.

Encima y más allá - es nuestro desafío en la vida, pero es también nuestra recompensa no imaginable.

Fr. Mike