Second Sunday of Advent

Homily / December 6th, 2020

The season of Advent is filled with all kinds of beautiful images, but also images that defy our human reason. Last week in one of the daily Masses for Advent, the prophet Isaiah described how the wolf and lamb will play together; how the cow and the bear will be neighbors; how the baby will play in the snake pit. I grew up on a farm, and there is no way that anyone in their right mind would put these kinds of animals together! They would destroy one another!

Today, we get a similar sense of the impossible. The first reading speaks of how the valleys will be filled in; how the mountains and hills will be made low; how the rugged land will become a smooth plain. Just what is the prophet Isaiah talking about?

The life and ministry and message of Jesus turned our world upside-down and still does so. Jesus continues to challenge our conventional thinking, asking us to look at our lives and live our lives in a very different, unconventional way. Many of the readings of Advent, like the message of John the Baptist in today’s Gospel, call us to repentance – a repentance meant to help us understand just what Jesus was talking about when he preached about the coming of the Kingdom of God.

From the reading of the prophet Isaiah, we heard how in the Kingdom of God the valleys will be filled in and the mountains will be made low. What are valleys of our lives that need to be filled in? What are the mountains of our lives that need to be made low? For that Kingdom of God to become real, we work so that the mountain of long-standing hatred may be made low by amazing, unexpected love; that the valley of hunger may be filled in by the generosity of people of good will; that racism may die and reveal the beauty of our common humanity; that partisanship may fall victim to the greater power of care for the common good; that the valley of loneliness may be filled in by random acts of kindness; that lies may give way to the truth.

A bulldozer is an incredible piece of equipment, isn’t it? It has the power to move massive mounds of earth and fill in gaping holes, placing earth exactly where it best is needed. Have you ever thought of Jesus as a bulldozer? With Isaiah’s images of valleys being filled and mountains being made low, that identification of Jesus as a bulldozer isn’t so far-fetched! And he calls us to do the same. We are called to prepare the way of the Lord just as much as John the Baptist. For the Kingdom of God, a kingdom still in-the-making, is in our midst. So let’s get to work.

Español:

La temporada del Adviento está llena con todo tipo de imágenes hermosas, pero también con imágenes que desafían nuestra razón humana. La semana pasada, en una de las misas diarias para el Adviento, el profeta Isaías describía como el lobo y el cordero jugarán juntos; como la vaca y el oso serán vecinos; como el bebé jugará en el pozo de las serpientes. Yo crecí en una finca, y ¡no hay ninguna manera en que alguien en su sano juicio pondría estos animales juntos! ¡Se destruirían unos a otros!

Hoy, obtenemos un sentido similar de lo imposible. La primera lectura habla de cómo los valles serán llenados; como las montañas y colinas se harán planas; como la tierra maltratada se hará una llanura suave. ¿De qué está hablando el profeta Isaías?

La vida, el ministerio y el mensaje de Jesús puso nuestro mundo patas arriba y todavía lo hace. Jesús continúa desafiando nuestro raciocinio, pidiéndonos mirar a nuestras vidas y vivir nuestras vidas de una manera muy diferente y poco convencional. Muchas de las lecturas del Adviento, como el mensaje de Juan Bautista en el evangelio de hoy, nos llaman al arrepentimiento – un arrepentimiento destinado a ayudarnos a comprender el mensaje de Jesús cuando predicaba acerca de la venida del Reino de Dios.

De la lectura del profeta Isaías, oímos como en el Reino de Dios, los valles serán llenados y las montañas se harán planas. ¿Cuáles son los valles en nuestras vidas que necesitan ser llenados? ¿Cuáles son las montañas de nuestras vidas que necesitan hacerse planas? Para que ese Reino de Dios se haga real, debemos trabajar para que la montaña del odio se haga plana por el amor inesperado; para que el valle de hambre sea llenado por la generosidad de personas de buena voluntad; para que el racismo muera y revele la belleza de nuestra humanidad común; para que el partidismo sea víctima del poder del cuidado por el bien común; para que el valle de la soledad sea llenado con los actos aleatorios de amabilidad; para que las mentiras puedan ceder a la verdad. 

Una excavadora es una herramienta genial, ¿no? Tiene el poder de mover montículos masivos de la tierra y llena enormes agujeros, poniendo la tierra exactamente donde más se necesita. ¿Han pensado alguna vez de Jesús es como una excavadora? Con las imágenes de Isaías sobre los valles siendo llenos y las montañas haciéndose planas, ¡esa identificación de Jesús como una excavadora no es tan inverosímil! Y nos llama hacer lo mismo. Somos llamados a preparar el camino del Señor, así como Juan Bautista. Pues el Reino de Dios, es un reino todavía en proceso, está en nuestro medio. Entonces, pongámonos a trabajar.