Second Sunday in Ordinary Time

Homily / January 20

In the field of music, there are many different musical talents. When it comes to Sam, I am in awe of his ability to play piano without music: it’s all in his ear and in his heart. I don’t know if you know it or not, but Sam cannot read music notes. If he has a page in front of him, it’s only to follow the words. I, on the other hand, have to have the printed music in front of me. I can’t play by ear, but I can sight-read music pretty well. It’s interesting how the same musical talent manifests itself in different ways.

And the Spirit manifests itself in different ways, too. The second reading spells out the many gifts that are visible in so many people – gifts that all come from the same Spirit. Last Sunday, we celebrated the Baptism of Our Lord. And in that homily, I mentioned how important it is for us to do something as a follow-up to our baptism, or else our baptism doesn’t mean anything at all. Today is a good time to reflect on what unique, individual gifts God has given each one of us – unique and different from the gifts that others have received, but gifts that all of us are called to share with others for the good of all.

With the gifts that we have in our lives, one problem that we sometimes have is jealousy. We see the talents and gifts in others, and we are sometimes jealous of what they have. Someone is more handsome than me; someone is more athletic than me; someone is more intelligent than me. As human beings, we are prone to comparisons; we are prone to jealousy. But in my own life experience [and what I share with people in confession] is that jealousy is our failure to see what gifts God has given me. We turn our focus away from the gifts that God has given us and we build up hard feelings because someone has something that we want, something that we don’t have. It’s a sad denial of the gifts that God has given us – gifts that we don’t appreciate enough.

Erma Bombeck was a writer and humorist who wrote a book entitled “The Grass is Always Greener over the Septic Tank”. There’s a lot of truth in that title alone. We want what looks good, like the rich green grass in someone else’s yard. But we forget that there’s a septic tank beneath it – some real struggles and problems in someone’s life that lie beneath the surface which we don’t see. The life of someone else may look good, but we have no idea of what lies underneath. If we did know, we’d be very grateful for the life and the gifts we have.

Jealousy is our failure to see what gifts God has given you and me. But Bible constantly tells us to be a people of thanks. Today we give thank for the gifts that God has given us, and instead of being jealous, we celebrate the God-given gifts that we see in the lives of others.

Español:

En el área de la música, hay muchos y diferentes talentos musicales. Cuando se trata de Sam McClain, estoy asombrado de su habilidad tocar piano sin leer música: esta todo en su oído y en su corazón. No sé si ustedes saben o no, pero Sam no puede leer las notas de música. Si tiene una página en frente de sí mismo, es solamente para seguir las palabras del canto. Yo, por otra parte, tengo que tener la música impresa en frente de mí. No puedo tocar por oído, pero puedo leer y tocar música muy bien, por la vista. Es interesante como el mismo talento musical se muestra a si mismo de maneras diferentes.

Y el Espíritu Santo se muestra a si mismo de maneras diferentes también. La segunda lectura deletrea los muchos talentos que son visibles en tantas personas – talentos que vienen del mismo Espíritu Santo. El domingo pasado, celebramos el Bautismo del Señor. Y en esa homilía, mencioné lo importante que es para nosotros hacer algo como parte de un seguimiento a nuestro bautismo, de lo contrario, nuestro bautismo no significa nada en absoluto. Hoy es un buen tiempo para reflexionar sobre los talentos únicos e individuales que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros tan únicos y diferentes a los talentos que otros han recibido, pero talentos que todos nosotros somos llamados a compartir con los demás por el bien de todos.

Con los regalos que tenemos en nuestras vidas, hay un problema y es que a veces tenemos celos de lo que otros tienen. Alguien es más guapo que yo; alguien es más atlético que yo; alguien es más inteligente que yo. Como seres humanos, estamos propensos a las comparaciones; estamos propensos a sentir celos. Pero en mi propia experiencia de vida [y lo que comparto con las personas en confesión] es que los celos son nuestro fracaso en ver los regalos que Dios me ha dado. Nos enfocamos en el exterior de los regalos que Dios nos ha dado y construimos sentimientos negativos porque alguien tiene algo que queremos, algo que no tenemos. Es una negación muy triste hacia los regalos que Dios nos ha dado – regalos que no apreciamos lo suficiente.

Erma Bombeck era una escritora y humorista quien escribió el libro titulado “El Césped es Siempre Más Verde Sobre el Tanque Séptico.” Hay mucha verdad solamente en ese título. Queremos lo que luce bien, como el verde césped rico en el jardín de alguien. Pero olvidamos que hay un tanque séptico debajo de eso – algunas luchas reales y problemas en la vida de alguien que se encuentran debajo de la superficie que no vemos. La vida de alguien puede parecer bien, pero no tenemos ninguna idea de lo que se encuentra debajo. Si lo supiéramos, seríamos muy agradecidos por la vida y los regalos que tenemos.

Los celos son nuestro fracaso en ver lo que Dios nos ha dado. Pero la Biblia constantemente nos dice que seamos un pueblo de gracias. Hoy damos gracias por los regalos que Dios nos ha dado, y en lugar de estar celosos, celebramos los regalos dados por Dios y que vemos en las vidas de los demás.

 

Fr. Mike