Palm Sunday

Homily / April 5, 2020 

We have all learned much from our parents. One very strong and clear message about our faith that I learned from my parents was to understand that we don’t always get what we want in life. Life doesn’t always go the way that we would like it to. When those moments of disappointment called for some personal sacrifice from us children, my parents would try to explain the situation to us, but often end up by finally saying, “Offer it up”. We children knew that that was the end of the story. There was no more discussion, no more explanation. I think that my parents actually ran out of reasons or explanations! We have moments in life when there is little else to do but offer it up.

I wonder if that lesson wasn’t on Jesus’ mind as he went through his own suffering and death. His death was so much more than what we deserved. His death was unjust. But in order to just get to that point in his life, he needed to have that attitude of offering it up, no questions asked. His act was selfless and done out of total love for us. We are not called to die as Jesus did. But we are called to embrace the sacrifices that come our way in life. We too are called to offer it up.

When it comes to Holy Week, we are familiar with the reading of the Passion. On Palm Sunday, it almost overshadows the second reading which is one of the most important readings in all of the Bible. Scripture scholars call it the “kenosis” passage. Kenosis is a Greek word that means “emptying”, a word that shows up in the reading as Jesus emptied himself for our sake and died on a cross. It fits very well with the lesson of offering up the sacrifices we are selflessly asked to make.

In this Holy Week, in this time of the pandemic, what are you and I called upon to offer up, to do without any further discussion? The stay-at-home order demands a greater patience on the part of all of us. The quiet created by the pandemic can drive us crazy. The unknown nature of the pandemic can bring us to the brink of fear and anxiety. We don’t like living with the unknown; we like answers. As believers in Jesus, we talk about following in Jesus’ footsteps. Palm Sunday puts us on a path to Jerusalem with Jesus, knowing that the shouts of “Hosanna” will turn into shouts of “Crucify him!” by the end of the week. And Jesus keeps walking the road to Calvary, all the while telling himself in his heart, “Offer it up.”

The COVID-19 pandemic presents some unique challenges to us in our lives and in our faith. The timing of the Coronavirus with Holy Week is powerful and uncanny. Both present us with opportunities to offer it up, to empty ourselves and accept some of the sacrifices we have in our lives as Jesus accepted the sacrifices he was called to make in his. Like Jesus, we too walk the road to Calvary, selflessly offering it up and emptying ourselves in imitation of Jesus.

Español:

Todos nosotros aprendemos mucho de nuestros padres. Un mensaje muy fuerte y claro acerca de nuestra fe que aprendí de mis padres fue el comprender que nosotros no siempre recibimos lo que queremos en la vida. La vida no siempre va de la manera en que nosotros quisiéramos. Cuando esos momentos de decepción requerían de algún sacrificio personal de nosotros como niños, mis padres trataban de explicarnos la situación, pero frecuentemente terminan por decir, “¡Ofrécelo!” Y de esa manera sabíamos que ese era el final de la historia. No había más discusión, no más explicación. ¡Pienso que mis padres actualmente se quedaron sin razones y explicaciones! Tenemos momentos así en la vida cuando no hay más que hacer que ofrecerlo.

Me pregunto, si esa lección estaba en la mente de Jesús mientras pasó por su sufrimiento y muerte. Su muerte era mucho más que lo que merecemos. Su muerte fue injusta. Pero para llegar a ese punto en su vida, necesitaba tener esa actitud de ofrecimiento, no se hicieron preguntas. Su acto fue desinteresado y hecho por amor por nosotros. No estamos llamados a morir, así como Jesús. Pero estamos llamados a abrazar los sacrificios que nos llegan en la vida. Nosotros también somos llamados a ofrecerlo.

Cuando se trata de la Semana Santa, somos familiares con la lectura de la Pasión de Jesucristo. En el Domingo de Ramos, ese evangelio casi eclipsa la segunda lectura que es una de las lecturas más importantes en todo la Biblia. Los eruditos de las escrituras la llaman el pasaje “kenosis. “Kenosis” es una palabra griega que significa “vaciando”, una palabra que está en la lectura ya que Jesús se vació a si mismo por nuestro bien y murió en una cruz. Va muy bien con la lección sobre ofrecer los sacrificios que se nos pide hacer.   

En la Semana Santa, en este tiempo de la pandemia, ¿Qué estamos llamaos a ofrecer, sin más discusión? La orden para quedarse-en-casa demanda una paciencia más grande de parte de todos nosotros. La tranquilidad creada por la pandemia nos puede volver locos. La naturaleza desconocida de la pandemia puede llevarnos al borde del miedo y la ansiedad. No nos gusta vivir en lo desconocido; nos gustan las respuestas. Como creyentes en Jesús, hablamos acerca de caminar en los pasos de Jesús. El Domingo de Ramos nos pone en el camino a Jerusalén con Jesús, sabiendo que los gritos de “¡Hosana!” se convertirán en los gritos de “¡Crucifícalo!” al final de la semana. Y Jesús sigue su paso hacia el camino del Calvario, todo el tiempo diciéndole a su corazón, “Ofrécelo.”

La pandemia COVID-19 nos presenta algunos desafíos únicos en nuestras vidas y en nuestra fe. La coincidencia del Coronavirus con la Semana Santa es poderosa y misteriosa. Ambos nos presentan oportunidades para ofrecer, vaciarnos a nosotros mismos y aceptar algunos sacrificios que tenemos en nuestras vidas, así como Jesús aceptó los sacrificios que le fueron llamados hacer en la suya. Como Jesús, nosotros también caminamos el camino hacia el Calvario, ofrecer desinteresadamente y vaciarnos a nosotros mismos en imitación de Jesús.