Our Lord Jesus Christ, King of the Universe

Homily / November 22nd, 2020

When an engaged couple prepares their wedding, I give them a book from which they can choose their readings, their vows, their blessings – everything that they’d like for their wedding Mass. The same is true for funerals: there is a book that contains readings especially good for a funeral. I like to use today’s Gospel for many funerals, especially for people who have been so generous to the poor in their lifetime. In the Bible, this Gospel is entitled “The Final Judgment”. What I find interesting is that in the book with suggest readings for funerals, it’s not included. Even with a title like “The Final Judgment”, it is not a reading suggested for funerals.

I sometimes think that it’s not included because it’s too hard for many people. Let me “cut to the quick” with this: if you or I were standing in final judgment at the Pearly Gates right now and were asked the questions that the Gospel asks, how would you and I fare? Do we do anything to make sure that the hungry are fed and the naked are clothed? Do we care for people who are imprisoned or do we welcome the stranger? If we change that word “stranger” to the word “immigrant”, it becomes a little more pointed and personal now, doesn’t it?

And yet, if we look at the people whom we lift up as “saints” in our Church, isn’t that what they did? How many people, like Mother Teresa, like Blessed Solanus Casey, have we exalted as saints because they cared for the poor?! One powerful lesson for us today is this: we all want to go to heaven. We all want to live with God someday. The recipe for that prize is simple and straightforward: you want heaven? Serve the poor. Period. End of story. It’s right there in the Gospel for us today. Do we need to say more?

As the first reading tells us, we are called to be shepherds. That’s not an easy task. From Christmas nativity scenes, we have glorified what a shepherd is. Shepherds in the time of Jesus were often thieves. They lived off the land with their flock and stole whatever they could get their hands on in the countryside. Why do you think that Mary and Joseph were frightened when shepherds showed up at the birth of Jesus? That’s why it’s important to emphasize that Jesus is, and we are called to be, a good shepherd – one who looks after the flock and not ourselves. Not only was it the role of Jesus in his life and ministry; the Gospel makes it very clear that our service of others is serving Jesus himself. And who of us would turn down the chance to really serve Jesus? “For, as Jesus says, as often as you did it for one of these little ones, you did it for me.”

Español:

Cuando una pareja prepara su boda, yo les doy un libro del que pueden escoger sus lecturas, sus votos, sus bendiciones – todo lo que quisiera para su misa de boda. Los mismo aplica para los funerales: hay un libro que contiene lecturas especialmente buenas para los funerales. Me gusta usar el evangelio de hoy para muchos funerales, especialmente para las personas que han sido tan generosas con los pobres durante su vida. En la Biblia, este evangelio es titulado “El Juicio Final”. Lo que encuentro tan interesante es que, en el libro con lecturas sugeridas para los funerales, este evangelio no está incluido. Aun con un título como “El Juicio Final”, no es una lectura sugerida para los funerales.

A veces, pienso que no está incluido porque es demasiado difícil para mucha gente. Déjame llegar al punto: si usted o yo estuviéramos de pie en el juicio final a las Puertas Nacaradas ahora mismo y nos hacen las preguntas que el evangelio pregunta, ¿cómo nos iría a usted y a mí? ¿Hacemos nosotros cualquier cosa para asegurar que los hambrientos sean alimentados y los desnudos sean vestidos? ¿Cuidamos nosotros de las personas que están encarcelados y bienvenidos nosotros a los extranjeros? Si cambiamos esa palabra “extranjero” a la palabra “inmigrante”, se hace un poco más personal y significativa, ¿no?

Y todavía, si miramos a las personas a quienes elevamos como “santos” en nuestra Iglesia, ¿no es eso lo que ellos hicieron?” ¡¿Tantas personas, como la Madre Teresa, como el Beato Solano Casey, hemos exaltado como santos porque ellos han cuidado de los pobres?! Una lección poderosa para nosotros hoy es esto: todos nosotros queremos ir al cielo. Todos nosotros queremos vivir con Dios algún día. La receta para ese premio es simple y sencilla: ¿quiere el cielo? Sirva a los pobres. Punto y Fin de la historia. Está justo allí en el evangelio de hoy para nosotros. ¿Necesitamos decir más?

Como la primera lectura nos dice, somos llamados a ser pastores. No es una tarea fácil. De las escenas navideñas, hemos glorificado lo que es un pastor. Los pastores en el tiempo de Jesús frecuentemente eran ladrones. Vivían fuera de la tierra con su rebaño y robaban lo que sea que pudieran poner sus manos en el campo. ¿Porque piensan ustedes que María y José estaban asustados cuando los pastores aparecieron en el nacimiento de Jesús? Es porque es importante enfatizar que Jesús es, y nosotros somos llamados a ser, un buen pastor – uno que cuida del rebaño y no de nosotros mismos. No solo era eso el papel de Jesús en su vida y ministerio; el evangelio lo hace claro que nuestro servicio de los demás es servir a Jesús mismo. ¿Y quién de nosotros pudiera rechazar la oportunidad para realmente servir a Jesús? Pues, como dice Jesús, “cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo.”