Fourth Sunday of Easter

Homily / May 3, 2020

I want to begin my homily by repeating the opening words of the second reading. Sometimes, we’re not paying attention to something really important for us, and I include myself in that category when I say that. So for all of us, here are those opening words: If you are patient when you suffer for doing what is good, this is a grace before God. To this you have been called, because Christ also suffered for you.

For having been written literally thousands of years ago, the Scriptures speak as if they were written for us today, don’t they? Talk about patience and suffering – isn’t that our experience right now in this time of COVID-19? The words of St. Peter in that reading are a good reminder for us to be patient and show patience especially in the face of suffering. And why? Simply because Jesus did. Period. That’s just the way that faith works. We

do something for Jesus and because of Jesus. He showed us the way, and we follow his example. That is our faith. It is also the price of our faith.

If that message from the scriptures seems short and to the point, so too are the messages we have received about COVID-19: very short and direct, e.g. Stay home. Stay safe. Save lives. Observe social distancing. Wash your hands. Don’t touch your face. Clear and uncompromising direction. No fudging, no wiggle-room. Just very straightforward messages that give direction and even assurance to our lives. Our faith is very much like that. In the Gospel today, Jesus says, I am the gate. Whoever enters through me will be saved. No questions asked. It also tells us that we will not be left to simply suffer or always make sacrifices. Jesus goes on to say “Whoever enters through me will be saved.” And those are great, reassuring words for us in this pandemic: we will be saved. It sounds much like the message we hear from many around us who say “We will get through this.” We need that assurance, and Jesus gives it to us today: We will be saved from this pandemic.

I find that the patience of many people is wearing thin right about now when it comes to the pandemic. I hear how families try to juggle work at home with teaching children. I hear the boredom and loneliness of many who have run out of things to do. We see in the press how people are angrily demonstrating and demanding that businesses to be opened. This Sunday the Word of God comes through once again to tell us just what exactly we need to hear; we go back to those opening words of the second reading and maybe even make that our prayer throughout this week: If you are patient when you suffer for doing what is good, this is a grace before God. To this you have been called, because Christ also suffered for you.

Español:

Quiero comenzar mi homilía por repetir las palabras iniciales de la segunda lectura. A veces, no estamos poniendo atención a algo realmente importante para nosotros, y me incluyo a mí mismo en esa categoría cuando lo digo. Pues, para todos nosotros, aqui están esas palabras iniciales: Soportar con paciencia los sufrimientos que les vienen a ustedes por hacer el bien, es cosa agradable a los ojos de Dios, pues a esto han sido llamados, ya que también Cristo sufrió por ustedes.

Por haber sido escrito literalmente hace miles de años atrás, las escrituras hablan como si fueran escritos para nosotros en el presente, ¿no? Hablan acerca de la paciencia y el sufrimiento – ¿no es eso nuestra experiencia justo ahora en este tiempo de COVID-19? Las palabras de San Pedro en esa lectura son un buen recordatorio para nosotros, ser pacientes y mostrar paciencia especialmente en la cara del sufrimiento. ¿Y por qué? Simplemente porque Jesús lo hizo. Punto. Es justo la manera en que la fe funciona. Hacemos algo por Jesús y debido a Jesús. Nos mostró el camino, y seguimos su ejemplo. Esa es nuestra fe. Es también el precio de nuestra fe.

Si ese mensaje de las escrituras parece corto y al punto, así también son los mensajes que hemos recibido acerca de COVID-19: muy cortos y directos, por ejemplo, quédate en casa. Quédate seguro. Salva las vidas. Practica la distancia social. Lava sus manos. No toques tu cara. Dirección clara e intransigente. Solo mensajes muy sencillos que dan dirección y aun garantía a nuestras vidas. Nuestra fe es mucho como eso. En el evangelio de hoy, Jesús dice, “Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará.” No se hicieron preguntas. También nos dice que no simplemente sufrimos ni siempre hacemos sacrificios. Jesús continúa diciendo, “Quien entre por mí se salvará.” Y esas son grandes palabras tranquilizadoras para nosotros en esta pandemia: Nosotros nos salvarémos. Suena mucho como el mensaje que oímos en nuestro alrededor, quienes dicen, “La superaremos.” Necesitamos esa seguridad, y Jesús la nos da hoy: Nos salvaremos de esta pandemia.  

Yo veo que la paciencia de mucha gente se está desgastando justo ahora cuando se trata de la pandemia. Yo oigo como las familias tratan de hacer malabarismos con el trabajo en casa y con la educación de sus hijos. Yo oigo el aburrimiento y la soledad de mucha gente que se han quedado sin cosas de hacer. Vemos en la prensa a tanta gente que está protestando furiosamente y demandando que los negocios sean abiertos. Este Domingo, la Palabra de Dios volvió a pasar para decirnos exactamente lo que necesitamos oír; volvemos a esas palabras iniciales de la segunda lectura y quizás aun lo hacemos en nuestra oración por esta semana: Soportar con paciencia los sufrimientos que les vienen a ustedes por hacer el bien, es cosa agradable a los ojos de Dios, pues a esto han sido llamados, ya que también Cristo sufrió por ustedes.