Fourth Sunday of Advent

Homily / December  20th, 2020

The Gospel for today is very familiar to us. There are many celebrations in honor of Mary that use this Gospel. Just this month, we heard it twice already for the Masses for the Immaculate Conception and for Our Lady of Guadalupe. Still, as familiar as it is, it holds some very important lessons for us.

Number 1: Mary doesn’t say much. In answer to the angel, her only argument is “This can’t happen. I have had no relations with a man.” That makes sense. But God goes beyond common sense. God works as God works, not as we do. And one lesson for us in that simple fact is that we can have all the good reasons and even all the proof that we need to think that we are right, even with God. But God transcends our reasons and proof. There is another Scripture passage in the Old Testament where we hear that God’s ways are not necessarily our ways. As impossible as Mary’s pregnancy might be, the angel reminds her and us at the end of today’s Gospel that nothing is impossible with God.

Number 2: The angel does not go away until Mary says “Yes”. And God will not go away until we say “Yes”. I love the last line that simply says “Then the angel departed from her.” That angel was not going to go away until that angel got what he or she came for. That angel had a lot to say, because God was not going to take “No” for an answer – not from Mary and not from us either.

Last month, I preached for the funeral of Fr. Werner who used to live here and offer confessions whenever we had confessions during Mass. He was a wonderful friar and one of his great gifts was being able to say “Yes” whenever the Capuchin Order asked him to do something. He didn’t have the preparation, the experience or even the education to do some of the things that he did. But he, like Mary, said “Yes” and trusted that God would give him everything he needed to do the job. And Werner did marvelous things with his life largely because he trusted in God and always said “Yes”.

Mary was no different in today’s Gospel. Against all reason and proof, she said “Yes”, trusting that God would give her all that she needed to be the Mother of Jesus. How many people, how many examples do we need before we do the same? For whatever challenges we are facing right now in our lives, this message speaks to us. If we can bring ourselves to say “Yes”, God will take care of the rest.

El evangelio de hoy es muy familiar para nosotros. Hay muchas celebraciones que honran a María que usan este evangelio. Justo este mes, ya lo oímos dos veces para las misas de la Inmaculada Concepción y de Nuestra Señora de Guadalupe. Y, aun así, por tan familiar que suene, lleva consigo algunas lecciones muy importantes para nosotros.

Número uno: María no dice mucho. Al responder al ángel, su único argumento fue “No puede pasar. No he tenido relaciones con un varón.” Eso tiene sentido. Pero Dios va más allá del sentido común. Dios trabaja, así como Dios trabaja, no como nosotros. Y una lección para nosotros en ese hecho simple es que podemos tener todas las razones y aun todas las pruebas que necesitamos para pensar que tenemos razón, aun ante Dios. Pero Dios trasciende nuestras razones y pruebas. Hay otra escritura en el Antiguo Testamento donde oímos que las maneras de Dios no necesariamente son nuestras maneras. Tan imposible sería el embarazo de María, el ángel le recuerda y a nosotros también, al fin del evangelio de hoy que no hay nada imposible para Dios..

Número dos: El ángel no se va hasta que María dice “Si”. Y Dios no se va hasta que nosotros decimos “Si”. Me encanta la última línea que simplemente dice “El ángel se retiró de su presencia.” Ese ángel no se iba a ir hasta que obtuviera por lo que vino. Ese ángel tenía mucho que decir, porque Dios no iba a tomar un “No” como respuesta. – no de María ni de nosotros tampoco. 

El mes pasado, yo prediqué para el funeral del Padre Werner quien vivió aquí y ofrecia las confesiones cuando teníamos confesiones durante la misa. Era un fraile maravilloso y uno de sus regalos era ser capaz de decir “Si” cuando la Orden Capuchina le pedia hacer algo. No tenía la preparación, ni la experiencia, ni aun la educación para hacer algunas de las obras que hizo.  Pero él, como María, dijo “Si” y confió que Dios pudiera darle todo que necesitaba para hacer el trabajo. Y Werner hizo cosas maravillosas con su vida en gran parte porque confió den Dios y siempre dijo “Si”.

María no era diferente en el evangelio de hoy. Contra toda la razón y prueba, dijo “Si”, confiando que Dios pudiera darle todo que necesitaba para ser la Madre de Jesús. ¿Tantas personas, tantos ejemplos necesitamos nosotros antes de hacer lo mismo? Para cualquier desafío que estamos haciendo frente en nuestras vidas justo ahora, este mensaje nos habla. Si podemos decir “Si”, Dios cuidará del resto.