First Sunday of Lent

Homily / February 21st, 2021

I grew up on a farm on the east side of Lake Winnebago. I could look out my bedroom window every night and see the sun set over Lake Winnebago. I think of that great body of water as it’s sturgeon fishing season right now. How many of you have ever gone sturgeon fishing? It’s quite an experience. You must love fishing and you must have a lot patience, because you spend hours and days looking into a hole cut out of the ice, waiting for a sturgeon to pass by. If you’re lucky enough for the sturgeon to pass under the that hole in the frozen lake, you’ve got a chance to spear it and take home a fish that can be as much as 15 feet long and weigh hundreds of pounds. I never liked sturgeon fishing. It was boring to me. Some people absolutely love it! But one of the key requirements of sturgeon fishing is the patience to sit there inside of a shanty and not take your eyes off of that hole. A sturgeon can pass by in a few seconds, and you need to have your eyes on that hole in those few seconds in order to spear it. A good sturgeon fisherman needs to keep his eyes on the prize.

A good follower of Christ needs to keep their eyes on the prize, too. I believe that it’s what allowed Jesus to resist the temptations that he endured. This First Sunday of Lent always tells the story of the temptation of Jesus in the desert. Jesus was like us in all things but sin. It’s a small comfort for us to know that even Jesus was tempted, because aren’t we? Despite the temptations of the devil, Jesus kept his eyes on the prize, focused himself on his ultimate goal, and resisted the attractiveness of the devil’s offerings.

If Jesus gives us any clue as to how to resist temptation, it is his example of keeping his eyes on the prize. Temptation deals with what is present: what will give us some happiness and pleasure right now. But that is short-lived. It serves us only for a short time. If we keep our eyes on the prize, a prize that lies further down the road into our future, we, like Jesus, can make those decisions much more easily instead of yielding to temptation.

At this early point in Lent, in order to confront temptation better in our lives, we take some time to answer that all-important question, “What is the prize for me?” Keeping our eyes on the prize is not at all different than the sacrifice that fishermen make for that ever-elusive sturgeon. I don’t know that it ever got cold enough in Israel for sturgeon fishing. But I have to believe that Jesus learned a lot from the fishermen that he chose to be his disciples. We can learn a lot, too. Like those who are sturgeon fishing right now, like Jesus in the desert, keep your eyes on the prize.

Español:

Yo crecí en una finca en el lado este del Lago Winnebago. Cada noche, yo podía mirar desde la ventana de mi cuarto, el sol oponerse. Pienso en esa gran masa de agua mientras es la temporada de pesca de esturión ahorita. ¿Cuántos de ustedes han ido alguna vez a pescar esturiones? Es toda una experiencia. Debe encantarte la pesca y debes tener mucha paciencia, porque pasas las horas y los días mirando a un agujero cortado en el hielo, esperando que un esturión pase. Si tiene suerte y ve el esturión pasar debajo de ese agujero en el lago congelado, tiene una oportunidad de pincharlo y llevar a casa un pez que puede ser quince pies de largo y pesar cientos de libras. Nunca me gusto la pesca. Era aburrido para mí. ¡A algunas personas les encanta! Pero uno de los requisitos para la pesca de esturión es tener la paciencia para sentarse allí dentro de una carpa y no tomar sus ojos lejos de ese agujero. Un esturión puede pasar en pocos segundos, y necesita tener sus ojos en ese agujero para capturarlo. Un buen pescador de esturión necesita mantener sus ojos en el premio.

 

Un buen seguidor de Cristo necesita mantener sus ojos en el premio también. Yo creo que eso es lo que permite a Jesús resistir las tentaciones que soportó. Este Primer Domingo de la Cuaresma siempre redacta la historia de la tentación de Jesús en el desierto. Jesús era como nosotros en todas las cosas excepto el pecado. Es un pequeño consuelo para nosotros saber que incluso Jesús fue tentado, ¿porque no lo seriamos nosotros tambien? A pesar de la tentación del diablo, Jesús mantuvo sus ojos en el premio, se concentró en su objetivo último, y resistió el atractivo de las ofrendas del diablo.

Si Jesús nos da cualquier pista de como resistir la tentación, es su ejemplo de mantener sus ojos en el premio. La tentación se trata de lo que está presente: lo que nos dará alguna felicidad y placer ahorita. Pero es de corta duración. Nos sirve solamente por poco tiempo. Si mantenemos nuestros ojos en el premio, un premio que se encuentra en el camino más lejos en nuestro futuro, nosotros, como Jesús, podemos hacer esas decisiones mucho más fácilmente en vez de ceder a la tentación.

En este tiempo temprano de la Cuaresma, para confrontar la tentación mejor en nuestras vidas, tomemos algún tiempo para responder a esa pregunta tan importante: “¿Cuál es el premio para mí?” Manteniendo nuestros ojos en el premio no es tan diferente al sacrificio que los pescadores hacen para capturar a un esturión. Yo no sé si alguna vez hizo el frio suficiente en Israel para la pesca de esturión. Pero tengo que creer que Jesús aprendió mucho de los pescadores que escogió para ser sus discípulos. Nosotros, podemos aprender mucho, tambien. Como los pescadores ahorita, como Jesús en el desierto, mantenga sus ojos en el premio.