Fifth Sunday in Ordinary Time

Homily / February 7th, 2021

The first reading is pretty dismal and dreary. It’s downright depressing! It closes with those heavy words, “I shall not see happiness again.” Well isn’t this a good morning for us all?! There is much going on in our lives though to connect us with that dreariness and depression. For one thing, it’s cold today, the coldest it’s been yet this winter. And that is only compounded by two or three snowstorms that we have had recently. Folks are watching us now in Florida and Puerto Rico and laughing at us! This is the first Sunday of February, Black History Month, and after the year that has passed, we are burdened and ever more conscious of the sin of racism in our lives, our country, and in our Church. The very life of black people is more in jeopardy now than almost ever before.

Let me take you back to last Tuesday, February 2nd, when the Church celebrated the feast of the Presentation of our Lord in the temple. It is a celebration of light when candles are traditionally blessed for the year. More importantly, it reminds us of Christ who is our light. You know that that is a point that I like to make when baptizing a baby. One of the baptism symbols is a candle that the child receives. It is lit from the Easter Candle that represents the light of Christ. But as we receive a candle in baptism, it is a reminder that not just Christ, but we are meant to be a light to others in how we live, how we care for them, how our actions reveal our faith in God.

Light is one of the most powerful symbols we have both in life and in our faith. Going back to Christmas, we heard in those Scriptures how the people who walked in darkness have seen a great light. Think about the Easter Vigil. What a great sight it is to see this darkened church flooded in candlelight as we greet the resurrection of Christ in Easter. If you attended Mass for the Immaculate Conception, we used candles to remember all the infants who died through miscarriage or stillbirth. Many people told me of how powerful that moment was, one that was filled with many tears.

We don’t hear about light in today’s Gospel. But Jesus was a light to those who came to him for healing. I especially noticed in the Gospel that the people came to him at night, it says. Daytime couldn’t even accommodate all who wanted to see Jesus. The Gospel goes on to say that “the whole town was gathered at his door.” He answered a deep hunger in them all. He was a light to them in the darkness of their lives.

Jesus is a light to us, too, in whatever darkness we experience in our lives. I’m not “put off” by that first reading. In fact, it energizes all of us to be the light of Christ to all who find themselves in darkness and dreariness and depression. You know that for some people, we are the only light that they have, amen?! So take that first reading as a challenge. Don’t accept that reading as is. Don’t make it the end of our story. Shine like the stars of heaven. Shine the light of truth in the face of ignorance and lies. Shine the light of justice and peace and love in the face of hatred and loneliness and racism. Because as St. Paul puts it: what will separate us from the love of God? And we resoundingly respond, “Nothing. Nothing will ever separate us from the love of God that comes to us in Christ Jesus the Lord.” Nothing. Amen? Let that be the end of our story!

Español:

La primera lectura es lúgubre y triste. ¡Es francamente deprimente! Termina con estas palabras pesadas, “Mis ojos no volverán a ver la dicha.” ¡Pues, que buena mañana para nosotros, ¿no?! Hay muchas cosas pasando en nuestras vidas como para conectarnos con esa tristeza y depresión. Por un lado, hace frio hoy, lo mas frio que ha estado este invierno. Y eso es solo por causa de dos o tres tormentas de nieve que hemos tenido recientemente. ¡La gente nos mira desde la Florida y Puerto Rico, riéndose de nosotros! Este es el primer domingo de febrero, el Mes de la Historia Afroamericana, y después del año que ha pasado, estamos agobiados y aún más conscientes del pecado del racismo en nuestras vidas, en nuestro país, y en nuestra iglesia. La vida de los afroamericanos está en peligro más ahora que antes.

Regresemos por un momento al martes pasado, el dos de febrero, cuando la iglesia celebraba la festividad de la Presentación del Señor en el templo. Es una celebración de la luz y es cuando las velas tradicionalmente son bendecidas para el año. Mas importante, nos recuerda de Cristo es nuestra luz. Ustedes saben que eso es una de las cosas que yo hago cuando bautizo a un bebé. Uno de los símbolos bautismales es una vela que el bebé recibe. Se enciende de la Vela Pascual que representa la luz de Cristo. Pero cuando recibimos una vela en el Bautismo, es un recordatorio que no solo Cristo, sino nosotros estamos destinados a ser una luz a los demás en como vivimos, como cuidamos de ellos, como nuestras acciones revelan nuestra fe en Dios.

La luz es uno de los símbolos más importantes que tenemos tanto en la vida como en nuestra fe. Volviendo a Navidad, oímos en esas escrituras como la gente que caminaba en las tinieblas habían visto una gran luz. Piensen en la Vigilia Pascual. Que gran visión es entrar a esta iglesia oscurecida pero iluminada por la luz de las velas mientras celebramos la resurrección de Cristo en la Pascua. Si asistió a la misa para la Inmaculada Concepción, allí, usamos las velas para recordar todos los infantes que murieron por aborto espontáneo y el nacimiento de un niño nacido sin vida. Muchas personas me dijeron de lo poderoso que fue ese momento, uno, que también estuvo lleno de muchas lágrimas.

No oímos acerca de la luz en el evangelio de hoy. Pero Jesús era la luz para los que se acercaban a él para ser curados. Me di cuenta en el evangelio que la gente lo visitaba en la noche. El día no podía acomodar a todos que querían ver a Jesús. El evangelio continúa diciendo que “todo el pueblo se apiñó junto a la puerta.” Jesús fue alimento ante un hambre profunda en todos de ellos. El, era una luz en las tinieblas de sus vidas.

Jesús es una luz para nosotros también en los momentos de tinieblas. No estoy desanimado por esa primera lectura. De hecho, nos energiza a todos nosotros para ser la luz de Cristo a los que se encuentran a sí mismos en la oscuridad, en la tristeza y en la depresión. Ustedes saben que, para algunas personas, somos la única luz que tienen, ¿amen? Pues, tomen esa primera lectura como un desafío. No acepten esa lectura como está. No la haga el fin de nuestra historia. Brillen como las estrellas del cielo. Brillen como la luz de la verdad en la cara de la ignorancia y las mentiras. Brillen como la luz de la justicia, paz y amor en la cara del odio, la soledad y el racismo. Porque, así como San Pablo escribe, “¿Que nos separará del amor de Dios?” Y nosotros respondemos rotundamente, “Nada, nada nos separará alguna vez del amor de Dios que viene a nosotros en Jesucristo el Señor.” Nada. ¿Amén? ¡Dejen que sea ese, el fin de nuestra historia!