Easter Vigil

Homi;y / Easter Vigil

For those of you who are visitors, here at St. Francis, there are incarcerated men who offer volunteer service every weekend – cleaning and working on the parish property. Some of them come every weekend, and I get to know them a little better than others. As we get talking, they will tell me about their crime, their sentence, and when they will be released. When they do get released from prison, many will come back to show me that they are free. They are proud, they are happy, they are unburdened. Many of them continue to keep contact with me. The parish really serves as a support for them after they have been released.

Some of the men have served long sentences. A number of the men were convicted of felony murder which earns them anywhere from 10-16 years in prison. I can’t imagine what getting out of prison is like for them after that many years. That experience of freedom, that experience of new life, that experience of getting another chance to make something of themselves.

And all of that is ours, too. In Easter, we celebrate Jesus’ rising from the dead. We also celebrate the freedom that Jesus earned for us, and I’ll be very specific about what we are freed from: fear. We know that Jesus freed us from our sins. But there is also a fear that runs through the stories of Holy Week and a fear that is a part of our lives that is dispelled and conquered by the dying and rising of Jesus.

There isn’t a single person here who doesn’t have some serious fear in their life: fear of change, fear of getting old, fear of not fitting in, fear of being alone, fear of rejection. And on top of dealing with fear, we are targets for those who would use fear against us. Our political conversations are full of fearful messages that pull us in one direction or the other. The Milwaukee Bucks are in the NBA playoffs. What’s their motto? Fear the Deer! Even they know the power of fear as a weapon against their opponents.

Easter frees us from our fears. The burdens that fear creates in us are conquered by the death of Jesus. There may be nothing more fearful than death, and Easter proves that Jesus conquered death. So of what else need we fear? We, like the incarcerated men, are proud, we are happy, we are unburdened this night. That powerful reading of St. Paul comes back today to remind us that nothing, nothing can separate us from the love of God, not even death. Celebrate this Easter by calling to mind our fears – we need to acknowledge what those fears are and not live in denial. But it doesn’t stop there. We celebrate today knowing that as powerful as fear may be in our lives, we have a greater strength in Jesus who not only conquered death, but who conquers our fears as well.

Español:

Para nuestros visitantes hoy, aquí en San Francisco, hay hombres encarcelados, quienes ofrecen servicio voluntario cada fin de semana – limpiando y trabajando en la propiedad parroquial. Algunos de ellos vienen cada fin de semana, y tengo la oportunidad de conocerlos un poco mejor que otros. A medida que hablamos, me van diciendo acerca de su crimen, su sentencia, y cuando van a ser liberados de la cárcel. Cuando son liberados, muchos de ellos vuelven a la parroquia, para mostrarme que son libres. Están orgullosos, están felices, no llevan carga. Muchos de ellos mantienen contacto conmigo. La parroquia realmente sirve como un apoyo para ellos después de prisión.

Algunos de los hombres han servido largas sentencias. Unos hombres fueron condenados por asesinato criminal, lo que cuenta como diez y hasta dieciséis años en la prisión. No puedo imaginar lo que su liberación se siente para ellos después de tantos años. Esa experiencia de libertad, esa experiencia de nueva vida, es experiencia de tener otra oportunidad de hacer algo de sí mismos.

Y todo eso es nuestro también. En la Pascua, celebramos la resurrección de Jesús de la muerte. Celebramos también la libertad que Jesús ganó por nosotros, y yo voy a ser muy específico acerca de lo que somos liberados: el miedo. Sabemos que Jesús nos liberó de nuestros pecados. Pero hay también un miedo que corre por las historias de la Semana Santa y un miedo que es parte de nuestras vidas que se dispersa y se conquista por la muerte y resurrección de Jesús.

No hay nadie aquí quien no tiene miedo en su vida: miedo de cambiar, miedo de envejecer, miedo a la soledad, miedo de ser rechazados. Y más que lidiar el con miedo, somos objetivos para los que pueden usar el miedo contra nosotros. Nuestras conversaciones políticas están llenas de mensajes temerosos que nos tiran de una dirección o la otra. Los Milwaukee Bucks están en los playoffs de baloncesto. ¿Cuál es su lema? ¡Tengan miedo del ciervo! Ellos también saben el poder del miedo como arma en contra de sus oponentes.

La Pascua nos libera de nuestros miedos. Las cargas que el miedo crean en nosotros se conquistan por la muerte de Jesús. Quizás no hay nada más temeroso que la muerte, y la Pascua prueba que Jesús conquista la muerte. Pues, ¿de qué más necesitamos tener miedo? Nosotros, como los encarcelados, estamos orgullosos, estamos felices, y estamos sin carga esta noche. Esa lectura poderosa de San Pablo vuelve a nosotros hoy para recordarnos que nada, nada puede separarnos del amor de Dios, ni la muerte. Celebremos la Pascua este año al reconocer nuestros miedos – necesitamos reconocer lo que estos miedos son y no vivir en negación. Pero no nos detiene allí. Celebramos hoy sabiendo que por muy poderoso el miedo pueda ser, tenemos una fuerza más ponderosa en Jesús, quien no solo conquistó la muerte, sino que conquista nuestros miedos también.

 

Fr. Mike