Easter Sunday

Homily / Easter 2021

Recently, we heard the story of an African American man serving at a bakery counter in New York who waited on a customer not wearing a mask. The customer badgered the man, using the n-word to complain about his lack of service to her. Despite the protests of people around her, she remarked, “I can call him anything I want.” The man who was serving her remained calm without returning insult with insult. Instead, he said, "Love overcomes hatred and whatever else she may have felt during that time.”

The resurrection that we celebrate this morning is not just that of Jesus. It cannot be contained or limited to an event that happened on that morning 2,000 years ago. We experience resurrection whenever love conquers hatred; when truth dispels lies; when peace prevails over conflict; when justice defeats exploitation; when forgiveness heals wounds, whenever we rise above our darker human instincts. Isn’t that what St. Paul is talking about in the second reading when he says, “Think of what is above, not of what is on earth”?

Commenting on Easter Sunday and the resurrection of Jesus, one of our friars whimsically once said, “Good Friday didn’t spoil the weekend.” As fearful and as final as death is, God would not leave Jesus in the embrace of death, and God will not leave us in our most difficult hour either. It means that we must be agents of the resurrection ourselves. This faith of ours has no room for pessimists. For today we celebrate the ultimate victory of good over evil, of life over death. If that doesn’t make us realize the full love of God, I don’t know what it will take. Jesus is alive, he is risen, alleluia!

Español:

Recientemente, escuchamos la historia de un Afroamericano que estaba sirviendo en el mostrador de una panadería en Nueva York y quien llamó la atención de un cliente que no vestía su tapabocas. La cliente se molestó y uso la palabra con “n” para quejarse acerca de la falta de servicio. A pesar de las protestas de personas alrededor de ella, respondió de esta manera: “Puedo llamarlo como quiera.” El hombre quien estaba sirviéndola permaneció tranquillo sin devolver insulto con insulto. En lugar de eso, dijo “El amor conquista el odio y cualquier otra cosa que ella pudo haber sentido durante ese tiempo.”

La resurrección que celebramos esta mañana no es solo la de Jesús. No puede ser contenido ni limitado a un evento que pasó en esa mañana hace dos mil años atrás. Experimentamos la resurrección cuando el amor conquista el odio; cuando sea la verdad disipa las mentiras; cuando la paz prevalece sobre un conflicto; cuando la justicia derrota la explotación; cuando el perdón sana las heridas; cuando nos levantamos sobre nuestros instintos humanos más oscuros. ¿No es eso lo que San Pablo dice en la segunda lectura cuando escribe, “¿Pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra”?

Comentando sobre el Domingo de la Pascua y la resurrección de Jesús, uno de nuestros frailes caprichosamente dijo una vez, “El Viernes Santo no estropea el fin de la semana.” Por tan temerosa y terminal que es la muerte, Dios no dejaría a Jesús en el abrazo de la muerte, y Dios no nos dejará en nuestra hora más difícil tampoco. Significa que nosotros mismos debemos ser los agentes de la resurrección. Esta fe de nosotros no tiene espacio para los pesimistas. Pues hoy, celebramos la última victoria del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte. Si eso no nos hace darnos cuenta el amor lleno de Dios, yo no sé lo que se necesita. Jesús está vivo, ha resucitado, ¡aleluya!