Corpus Christi

Homily / June 14th, 2020

When we hear of the body and blood of Christ, like we do in the readings today, we think of Communion, the Eucharist. And especially after being away from receiving the Eucharist throughout the pandemic, we can relate with the people of Israel in the first reading who hungered and thirsted for food. And God fed them.

But there is another description of the Body of Christ that can never be forgotten. It is summed up in a beautiful song that many Latino people know as “Somos el Cuerpo de Cristo”, “We are the Body of Christ.” The refrain of that song continues to say “Hemos oido el llamado / we’ve answered ‘yes’ to the call of the Lord.” What is the Lord calling us to do as that Body of Christ nourishing others? Just as the people of Israel hungered for bread and thirsted for drink, we come to the Eucharist with hungers and thirsts of our own. But over and above ourselves, our first order of business is to recognize the hungers and the thirsts that we are called to satisfy and quench in others.

I was way up in northern Wisconsin last weekend, and as I was driving through the town of Ashland, there was a small group of peaceful protestors in the park, drawing attention to the death of George Floyd and the struggle of so many African Americans and people of color in our country. I don’t know Ashland very well. It’s a town of a little over 8,000 people. [I had to do a Google search to find that out!] But God bless those good people to be so concerned about others so far away from themselves. For me, they were the Body of Christ looking out for the Body of Christ.

I was talking with a couple recently who shared with me the long struggle they have had with their daughter being in an abusive relationship. It was a powerful story for me. As I listened to them and heard in their words the pain they have suffered and the love they have for their daughter, I thought that they too are the Body of Christ, very much pouring themselves out for their daughter, answering the hunger and thirst in their daughter’s life much in the way that Jesus poured himself out for us.

I am sure that the Church sets this Sunday aside to celebrate the great gift we have in the Eucharist – Jesus’ very own body and blood given to us every time we eat this bread and drink this cup. Last Sunday, we heard in the Gospel that famous line from the Gospel of St. John: God so loved the world that the only Son of God was delivered up so that we might have life. When we eat this bread and drink this cup, we remember the challenge of Jesus, the words of that song to answer the hunger and thirst of the needy, the poor, the stranger, the outcast – the call for us to literally be what we receive: the Body and the Blood of Christ.

Español:

Cuando escuchamos sobre el cuerpo y la sangre de Cristo, como oímos en las lecturas de hoy, pensamos en la Comunión, la Eucaristía. Y especialmente después de estar lejos de comulgar la Eucaristía durante la pandemia, podemos relacionarnos con el pueblo de Israel en la primera lectura que tenía hambre y sed de comida. Y Dios los alimentó.

Pero hay otra descripción del Cuerpo de Cristo que nunca debe ser olvidada. Se resume en un canto hermoso que mucha gente Latina sabe cómo “Somos el Cuerpo de Cristo / We are the Body of Christ.” El estribillo de ese cando continúa para decir “Hemos oído el llamado / We’ve answered ‘yes’ to the call of the Lord.” ¿Que nos llama el Señor hacer como ese Cuerpo de Cristo que nutre a los demás? Así como el pueblo de Israel tenía hambre de pan y sed de bebida, venimos a la Eucaristía con hambre y sed de los nuestros. Pero más allá de nosotros mismos, nuestro primer negocio es reconocer el hambre y la sed que estamos llamados a satisfacer y aplacar en los demás.

La semana pasada, yo estaba muy al norte de Wisconsin, y mientras estaba manejando por la ciudad de Ashland, había un grupo pequeño de manifestantes pacíficos en el parque, llamando la atención a la muerte de George Floyd y el desafío de tantos Afroamericanos y personas de color en nuestro país. Yo no conozco Ashland muy bien. Es una ciudad de casi ochocientas personas. [¡Yo tuve que hacer una búsqueda de Google para descubrir eso!] Pero Dios bendiga a esas personas tan preocupadas acerca de los demás estando aun tan lejos de ellos mismos. Para mí, ellos eran el Cuerpo de Cristo cuidando del Cuerpo de Cristo. 

Recientemente, yo estaba hablando con una pareja que compartía conmigo el desafío largo que ellos han tenido con su hija estando en una relación abusiva. Fue una historia muy poderosa para mí. Mientras yo los escuché y oí en sus palabras el dolor que han sufrido y el amor que tienen por su hija, yo pensé que ellos también son el Cuerpo de Cristo, derramándose por su hija, respondiendo el hambre y la sed en la vida de su hija de la misma manera que Jesús se derramó a si mismo por nosotros.

Estoy seguro de que la Iglesia deja a un lado este domingo para celebrar el gran regalo que tenemos en la Eucaristía – el propio cuerpo y la sangre de Jesús dados a nosotros cada vez que comemos este pan y bebemos de esta copa. El domingo pasado, oímos en el evangelio esa línea famosa del evangelio de San Juan: Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que nosotros podamos tener la vida eterna. Cuando comemos este pan y bebemos de esta copa, recordamos el desafío de Jesús, las palabras de ese canto para responder el hambre y la sed de los necesitados, los pobres, los extranjeros, los marginados – la llamada para nosotros a ser literalmente lo que recibimos: el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

-Fr. Mike Bertram, OFM Capuchin