Sunday of Divine Mercy

Homily / April 23, 2017

There is a saying that goes, “Repetition is the mother of all learning.”  God knows we need things repeated before they really sink in!  And repetition is what we hear in the Gospel today.  Three times, Jesus wishes peace to his disciples.  Two times, Jesus appears to his disciples to give them that message.  But there is another repeated detail to this Gospel.  Two times, Jesus comes into their midst through locked doors.  The Gospel is very specific too in pointing out that the disciples were behind locked doors for fear of the Jews.  After all, if the people had killed Jesus, the disciples were likely to be next.  I would be afraid, too.  But despite that fear, despite those locked doors, Jesus passed through those doors and brought the disciples peace.

What is significant is that Jesus walked right through the door.  I know that in this Gospel, we usually focus on Thomas and his doubt of Jesus’ resurrection.  But we miss another important lesson in not paying attention to this first action of Jesus of just walking through the locked doors to bring the disciples peace.  It should make us think about the locked doors we have in our lives that make us feel safe, when in fact we aren’t safe at all – even with locked doors, maybe even because of locked doors, we are still living in fear. 

When I work with engaged couples in marriage preparation, there is one question to which they respond:  “I am comfortable asking my future spouse to pray with me.”  Most couples answer “No”, and I take the opportunity to talk about prayer as the most intimate act of our lives.  It is more intimate than sex.  In prayer, we tell God anything and everything, because we figure that God knows it anyway.  And that’s true.  We are totally honest and disclosive with God.  When it comes to ourselves, maybe we are the ones who are afraid to admit what is true about ourselves: our fear of being alone, our fear of dying, our fear of failure with our family or in our marriage or in our work. 

Fear is a normal human experience.  But it need not paralyze us.  The message of today’s Gospel is that Jesus can walk through whatever door, whatever fear we have in our life and give us the peace that we need.  The Gospel doesn’t even say that the disciples opened the door for him; he just walked in.  And Jesus continues to do the same for us: he walks right into our lives, because he loves us.  He doesn’t need an invitation; he doesn’t need the door to be opened for him.  He knows us intimately and senses when fear threatens to overtake us.  Jesus won’t allow that to happen.  That’s message of Easter.  It is the message of resurrection.  Essentially, Jesus says to us, “I know where you live!”  And he comes to us in our fear to bring us peace.  Fear has no place in our faith.  For our God is stronger than any locked door and will walk right through it in order to bring us the peace that we need.  

Español:

Hay un dicho que dice, “La repetición es la madre de todo aprendizaje.”  Dios sabe que necesitamos repetir las cosas antes de ser aprendidas.  Y la repetición es lo que oímos en el evangelio de hoy.  Tres veces, Jesús le desea la paz a sus discípulos.  Dos veces, Jesús aparece a sus discípulos para darles ese mensaje.  Pero hay otro detalle que se repite en este evangelio y es que dos veces, Jesús atraviesa las puertas bloqueadas.  El evangelio es muy específico también al indicar que los discípulos estaban detrás de las puertas bloqueadas por miedo a los judíos.  Después de todo, si la gente mató a Jesús, los discípulos probablemente serían los próximos.  Yo pudiera tener miedo también.  Pero a pesar de ese miedo, a pesar de esas puertas bloqueadas, Jesús pasó esas puertas y les llevó a los discípulos la paz.

Jesús caminó a través de la puerta.  Yo sé que, en este evangelio, normalmente nos enfocamos en Tomás y su duda acerca de la resurrección de Jesús.  Pero echamos de menos otra lección importante al no poner atención a esta primera acción de Jesús de justo caminar por las puertas bloqueadas para llevarles la paz a los discípulos.  Debe hacernos pensar en las puertas bloqueadas que tenemos en nuestras vidas que nos hacen sentirnos seguros, cuando de hecho no estamos seguros en todo – aun con las puertas bloqueadas, y quizás debido a las puertas bloqueadas, todavía estamos viviendo en miedo.

Cuando yo trabajo con las parejas comprometidas en preparación matrimonial, hay una pregunta que deben responder, “Me siento cómodo pidiéndole a mi esposa que ore conmigo.”  La mayoría de las parejas responden, “No”, y tomo la oportunidad de hablar acerca de oración como el acto más íntimo de nuestras vidas.  Es aún más íntimo que el sexo.  En la oración, decimos a Dios cualquier cosa y todas las cosas, porque creemos que Dios lo sabe todo de todos modos.  Y es verdad.  Somos totalmente honestos y abiertos con Dios.  Cuando se trata de nosotros mismos, quizás somos quienes tienen miedo de admitir lo que es verdad acerca de nosotros: nuestro miedo de estar solo, nuestro miedo de morir, nuestro miedo al fracaso como padre o madre, en nuestro matrimonio, en nuestro empleo.

El miedo es una experiencia humana y normal.  Pero, no necesita paralizarnos.  El mensaje del evangelio de hoy es que Jesús puede caminar por cualquier puerta, cualquier miedo que tenemos en nuestra vida y darnos la paz que necesitamos.  El evangelio no dice que los discípulos abrían la puerta para él; Jesús caminaba dentro de ellos.  Y Jesús continúa haciendo lo mismo con nosotros: camina dentro de nuestras vidas, porque nos ama.  No necesita una invitación; no necesita que la puerta se abra para él.  Nos conoce tan íntimamente y sabe cuándo el miedo amenaza a superar a nosotros.  Jesús no lo permitirá pasar.  Ese es el mensaje de la Pascua.  Es el mensaje de la resurrección.  Esencialmente, Jesús nos dice, “¡Yo sé dónde vives!”  Y vendrá a nosotros en nuestro miedo para llenarnos de paz.  El miedo no tiene ningún lugar en nuestra fe.  Porque nuestro Dios es más fuerte que cualquier puerta bloqueada y caminará justo por esa puerta para llevarnos la paz que necesitamos.