First Sunday of Lent

Homily / Feb. 18, 2018

The Faith Formation Committee has worked on a Lenten program, asking us to look at how we might be better disciples. I hope that you can join us after one of the Sunday Masses during Lent to talk about discipleship and what it means to us today.

I give you some words of Jesus today for your own reflection when it comes to being a disciple. The discussions after Mass will focus on one of four disciples. But Jesus is also very clear about what discipleship means. Let me test you for a moment: in all three of the Gospels by Matthew, Mark, and Luke, Jesus starts out by saying, “If you would be my disciple,” and then what does he say? What must we do to be a disciple of his? He says, “You must deny yourself, take up your cross daily, and follow me.”

If we’re looking for some good meditation over the entire season of Lent, that one line might do it: “If you would be my disciple, you must deny yourself, take up your cross daily, and follow me.” Does that first description grab you like it grabs me? We must deny ourselves. What exactly does that mean? It means putting ourselves aside for the sake of God and for others. It means taking a look at how any selfishness in us keeps us from being a better disciple.

Let me give you one practical way of working on selfishness. As I look at our world and our Church, I believe that we have lost the courtesy of listening to others. People of different viewpoints don’t even listen to each other anymore. Our selfishness makes us believe that we have the answer, so we don’t need to listen to others. We shut people down, we interrupt what they are saying, or we just walk away. It’s very apparent in our politics. It’s sadly apparent in our Church and even in our families. When don’t listen to others, it is an indicator of just how selfish we are. On the contrary, how grateful are we for those people who do take the time to listen to us. Sometimes, all we need is someone who will listen and hear what we have to say. They are nothing less than a gift from God.

The lesson in all of that: a good disciple is a good listener. It is an important way of answering Jesus’ call to deny ourselves if we are to be his disciples.

Español:

El Comité de Formación en la Fe ha formado un programa cuaresmal, invitándonos a encontrar la manera de ser mejores discípulos. Espero que ustedes puedan unirse a nosotros después de una de las Misas dominicales durante la Cuaresma para hablar acerca del discipulado y el significado para nosotros hoy.

Hoy, les doy algunas palabras de Jesús para su propia reflexión cuando se trata de ser un discípulo. La discusión después de la Misa se enfocará en uno de los discípulos. Jesús es muy claro acerca del significado del discipulado. Permítanme probarlos por un momento: en todos los tres evangelios de Mateo, Marcos, y Lucas, Jesús comienza diciendo, “Si alguno quiere ser discípulo mío,” y entonces ¿qué dice él? ¿Lo que debemos nosotros hacer para ser su discípulo?  Jesús dice, “olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame.”

Si estamos buscando alguna buena meditación sobre la Cuaresma, esa sola línea lo dice todo. “Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame.” ¿Les llega esa pequeña línea como llega a mí? Debemos olvidarnos de nosotros mismos. ¿Qué significa eso exactamente? Significa haciéndonos nosotros a un lado por el bien de Dios y los demás. Significa tomar en cuenta de cómo cualquier egoísmo en nosotros nos aleja de ser un mejor discípulo.

Permítanme darles una manera muy práctica de trabajar con el egoísmo. Mientras yo miro a nuestro mundo y nuestra Iglesia, yo creo que hemos perdido la cortesía de escuchar a los demás. Las personas de diferentes puntos de vista ya no se escuchan el uno al otro. Nuestro egoísmo nos hace creer que tenemos la respuesta, pues no necesitamos escuchar a los demás. Mandamos a la gente a callar, interrumpimos lo que ellos están diciendo, o nosotros simplemente nos alejamos. Es muy común en nuestra política. Tristemente, es común en nuestra Iglesia y aun en nuestras familias. Cuando no escuchamos a los demás, es un indicador de que tan egoístas somos nosotros. De lo contrario, somos agradecidos por las personas que se toman el tiempo para escucharnos. A veces, todo que necesitamos es a alguien que escuchará y oirá lo que tenemos para decir. Estas personas no son más que un regalo de Dios.

La lección en todo de esto: un buen discípulo es un buen oyente. Es una manera muy importante de responder a la llamada de Jesús para olvidarnos a nosotros mismos si quisiéramos hacernos sus discípulos.