Fifth Sunday of Lent

Homily / April 2nd, 2017

This is the season of confession.  If you are a priest, you get bombarded with requests for confessions all over the place.  This past week, I had confessions for students at one of Milwaukee’s Catholic high schools.  Very compassionately after one student’s confession, I asked the student, “Why are you pushing everyone in your life away from yourself?”, because all of his sins had to do with hurting the people closest to him.  I can understand a teenager having problems with parents and siblings.  But this young man was also hurting his friends.  His friends!  He looked at me with a stunned look on his face.  I don’t think that he thought he’d receive a question like that in confession.  But he looked as if the question made him think: “Why am I pushing everyone out of my life?”

As we move closer to Easter, the Gospels get more challenging, so it’s no surprise that today we hear our toughest test.  Before we get to Palm Sunday and Good Friday, what is left for us to uncover deep within us and hand over to God?  Martha is held up to as an example of someone who let go of her own agenda in order to hear what Jesus first needed of her.  And as a result, Jesus could do incredible things for her, even raising her brother from the dead.  But she had to let go first.  How hard that is for many of us – to let go of our own agenda for the sake of others.  The scribes and Pharisees are examples of just the opposite: they were so threatened by Jesus that they dug in their heels all the harder and resisted his message to the point of plotting Jesus’ death, so insecure were they.

The central image in today’s Gospel is the tomb.  And we are that tomb.  We are people who have things buried deep within us – old hurts, sins from our past, personal shortcomings of which only we are aware.  Martha tells Jesus, “Lord, it has been four days.  There will be a stench.”  And what lies deep within us is rotten, too, and it continues to eat away at us.  It’s time to roll away our stone: to go deep within ourselves and bring to the light of day what lies buried inside of us.  It’s time to take away the stone and let the love and healing of Jesus enter in.  But like Martha, we must first take away the stone.  Aren’t we tired of keeping that stone in place?  We work hard to keep that stone in place, only for what is deep inside of us to stay dead within us and rot all the more.

We cannot experience the new life, the resurrection of Jesus without

taking away that stone.  We have to make the first move to make new life happen.  We make the first move to allow Jesus to enter in.  With great compassion and love for us, Jesus speaks to us as he did to Martha in today’s Gospel; he says to us, “Take away the stone.”

Español:

Esta es la temporada de confesión.  Si usted es sacerdote, es bombardeado con solicitudes de confesión por todas partes.  La semana pasada, tuve las confesiones para los estudiantes de una las escuelas secundarias católicas en Milwaukee.  Muy compasivamente después de la confesión de un estudiante, le pregunté:, “Porque estás empujando a las personas que te rodean alejándolas de ti?”, porque todos sus pecados eran sobre problemas que él tenía con las personas más cercanas a él.  Puedo comprender un joven teniendo problemas con sus padres y hermanos.  Pero este hombre joven estaba hiriendo sus amigos también.  ¡Sus amigos!  Me miró con una mirada atónita en su cara.  Yo no creo que él pensaba que pudiera recibir una pregunta como esa en confesión.  Pero apareció como si la pregunta lo hizo pensar: “¿Porque estoy alejando a todas las personas de mi vida?”

Mientras nos acercamos a la Pascua, los evangelios se hacen más desafiantes, pues no es una sorpresa que hoy oímos nuestra prueba más dura.  Antes de llevarnos al Domingo de Ramos y Viernes Santo, ¿lo que necesitamos nosotros descubrir profundamente dentro de nosotros y entregar a Dios?  Marta es un ejemplo de alguien quien dejó ir de su agenda para escuchar primero lo que Jesús necesitaba de ella.  Y como resultado, Jesús pudiera hacer cosas increíbles para ella, como el levantar a  su hermano de la muerte.  Pero, necesitó dejar ir primero.  Es tan duro eso para muchos de nosotros – salirnos  de nuestra propia agenda por el bien de los demás.  Los escribas y Fariseos son ejemplos de lo contrario: estaban tan amenazados por Jesús que cavaron en los talones aún más fuertes y resistieron el mensaje de Jesús al punto de tramar la muerte de Jesús, que inseguros fueron ellos.

La imagen más central en el evangelio de hoy es la tumba.  Y nosotros somos esa tumba.  Somos la gente que tenemos las cosas sepultadas profundamente dentro de nosotros – heridas viejas, pecados de nuestro pasado, deficiencias personales de que solamente nosotros somos conscientes.  Marta le dice a Jesús, “Señor, ya huele mal, lleva cuatro días.”  Y lo que está profundamente dentro de nosotros huele mal también, y continúa consumiéndonos.  Es tiempo de quitar la losa: mirar profundamente dentro de nosotros y llevar a la luz de los días lo que está sepultado dentro de nosotros.  Es tiempo quitar la losa y permitir que el amor y la curación de Jesús entre.  Pero como Marta, primero tenemos que quitar la losa.  ¿No estamos cansados nosotros de mantener esa piedra en lugar?  Trabajamos duro para mantener esa losa en lugar, solo para que lo que está dentro de nosotros permanezca muerto dentro de nosotros y siga pudriéndose  un tanto más. 

No podemos experimentar la nueva vida, la resurrección de Jesús sin quitar la losa.  Tenemos que hacer el primer paso para hacer posible la nueva vida.  Hacemos el primer paso para permitir la entrada de Jesús.  Con gran compasión y amor por nosotros, Jesús nos habla así como le habló a Marta en el evangelio de hoy: “Quiten la losa.”