15th Sunday in Ordinary Time

Homily / July 15th, 2015 

This story is a little long. Ken Reinhart was one of the leaders of our Capuchin Order who died a number of years ago. He was a hard-headed and some would say hard-hearted man, but a very strong leader who guided the Capuchins through the sexual abuse scandal of the 1990’s. Afterward, he became something of a recluse, living alone and feeling abandoned and unappreciated by the friars. When a friar dies, we have a practice of having people offer stories about the deceased at the wake service. I had never done that before, except when it came to this friar. We were not friends; in fact, we sometimes were at odds with one another. But at his funeral wake, I spoke of how the rest of us friars had not collectively said “Thank you” for his leadership in those dark days of sexual abuse in the Capuchin Order. It was why he distanced himself from Capuchins after he left office for practically the rest of his life. Funerals are times to pray that God forgives the sin of the deceased person; in this case, we needed to ask God to forgive us for not really thanking Ken for his leadership in those very difficult days.

I remember thinking to myself, “Nobody is talking about what this man did for us during that critical time! This is ridiculous. It’s like “the elephant in the room”. Why is no one getting up there to say something?” And at the same time, I heard a little voice in myself saying, “Why aren’t you going up to say something?” And so I did. It was not something I planned to do. I did not have prepared words to say. It was not something I wanted to do. I don’t even like speaking in front of friars! But it was the right thing to do. I knew that something had to be said. I remember feeling a gentle push to move up to the microphone and say something.

It’s too easy for us to think, “Don’t ask me. I don’t want to get involved. Ask somebody else. Don’t look at me!” But the example of the prophet Amos tells us that there are times when we must speak up, when we must become involved, because it is the right thing to do, it is what God needs for us to do. Amos did not ask to be a prophet; he was a shepherd. But God pushed him into that role to remind the people that they had sinned by exploiting the poor, and it was not going unnoticed by God.

I don’t know that the issues we face are quite that serious. But there are moments when our faith calls us to speak up and to stand up, because it’s the right thing to do. It calls for courage, but it’s a courage and a strength that we find in our faith. Because it is not just us speaking; it is God who is acting in us and through us for the sake of what is right and just.

Español:

Esta historia es un poco larga. Ken Reinhart era uno de nuestros líderes en la Orden Capuchina, quien murió hace pocos años. Ken era de cabeza dura, o algunos dirían de corazón duro, pero fue un líder muy fuerte quien guió a los Capuchinos por el escándalo del abuso sexual en los noventas. Después, Ken se convirtió en un recluso, viviendo solo y sintiéndose abandonado y poco apreciado por los frailes.

Cuando un fraile muere, tenemos la práctica de compartir historias acerca del difunto en la vigilia funeral. Nunca lo había hecho antes, excepto cuando se trataba de este fraile. No fuimos amigos; de hecho, a veces estábamos de desacuerdo el uno con el otro. Pero en la vigilia funeral, hablé de como el resto de nuestros frailes  no habíamos dicho “Gracias” por su liderazgo en esos días oscuros cuando el abuso sexual era polémica en la Orden Capuchina. Eso el motivo por el que Ken se distanció de los Capuchinos después de dejar su oficina por prácticamente el resto de su vida. Los funerales son tiempos de orar que Dios perdona los pecados del difunto; en este caso, necesitamos pedir a Dios que nos perdone a nosotros por no realmente dar gracias a Ken por su liderazgo en esos días muy difíciles.

Recuerdo, que yo pensaba, “¡Nadie está hablando acerca de lo que este hombre hizo por nosotros durante este tiempo crítico! Esto es ridículo. Es como ‘el elefante en el cuarto’. ¿Porque no hay alguien allí para decir algo?” Y al mismo tiempo, yo oí una pequeña voz en mí mismo diciendo, “¿Porque no está usted diciendo algo?” Pues, yo lo hice. No era algo que pretendí hacer. Yo no tenía palabras preparadas para decir. No era algo que yo quería hacer. ¡Nisiquiera me gusta hablar en frente de los frailes! Pero, eso era hacer lo correcto. Yo sabía que algo necesitaba ser dicho. Yo recuerdo que sentí un suave empujón que me hizo acercarme al micrófono y decir algo.

Es tan fácil para nosotros pensar, “No me pida. No quiero ser involucrado. Pida a alguien más. ¡No me mire!” Pero el ejemplo del profeta Amós nos dice que hay tiempos cuando debemos hablar, cuando debemos involucrarnos, porque es hacer lo correcto, es lo que Dios necesita que hagamos. Amós no pidió ser un profeta; era un pastor. Pero Dios lo empujó en ese papel para recordar a la gente que ellos han pecado por explotar a los pobres, y no estaba pasando inadvertido por Dios.

No sé si las cuestiones a que nos enfrentamos son tan serias como esas. Pero hay momentos cuando hacer lo correcto. Requiere valor, pero es un valor y una fuerza que encontramos en nuestra fe. Porque no solo nosotros hablando; es Dios quien está actuando en nosotros y por nosotros por el bien de lo que es justo y necesario.