11th Sunday In Ordinary Time

Homily / June 17, 2018

This is the latest book that I’m reading entitled Presidential Courage. I know, another really geeky book! It talks about moments of tough decisions in the lives of some of our Presidents. The author opens the book with these words:  This book shows how American Presidents have made courageous decisions although they knew they might be jeopardizing their careers. The book suggests that it has been important for Presidents to summon the courage to dismiss what is merely popular and do what later Americans will come to admire. Without such displays of Presidential courage, America would be a lesser country or it might not exist at all. Recalling how some of our past Presidents struggled to make vital decisions should inspire us always to expect more.

Courageous is how St. Paul describes us in the second reading today. Twice he says, “We are always courageous.” I don’t know if we see ourselves as courageous. We could do great acts of bravery, like the immigrant man from Mali who scaled four flights of a building in Francis to save a child dangling from a balcony. But what does it mean to be courageous in our faith?

To some extent, the word courage describes an inner strength. Yes, we could do great works like that man in France, but courage describes the character of a person. It speaks about our will, something that is within us. Let me offer you a couple of ideas of how I believe we can be courageous in our faith:

Sadly, we live in a society where the truth no longer matters. Discussing the immigration issues with someone recently, I was told, “It says in the Constitution that people in America should speak English!” No, it doesn’t, but some say that and really believe that. But, it’s not the truth. Simply to speak the truth these days is an act of courage, especially when it is spoken out of our faith in Jesus Christ.

Speaking of immigrants, to care for the outcast and the poor is to be courageous. It is a play right from the playbook of Jesus Christ who showed us just what to do. So often we hear about living on earth so that we can live with God forever in heaven. How do we do that? Jesus tells us: serve the poor. Listen to the lives of the women and men who are made saints by our Catholic Church. How did they become saints? Very simply, they served the poor.

As easily as it is spoken or described, love is an act of courage, true love. The Word of God constantly speaks of love, partly because there is so much else that clutters our minds and our hearts that the message of love gets lost. There is a saying that goes, “Repetition is the mother of all learning”, and it seems as though God needs to keep repeating what is most important in our life: love.

We are always courageous, says St. Paul. And how do we do that? St. Paul gives us the answer as well: we walk by faith, not by sight. For we recognize that our courage comes from that model of all courage himself, Jesus.

Español:

Este es el “último libro que estoy leyendo, titulado El Valor Presidencial. Habla de los momentos de decisiones difíciles en las vidas de algunos de nuestros presidentes. El autor comienza el libro con estas palabras: Este libro muestra como los Presidentes Americanos han hecho decisiones valientes sabiendo que pudieran estar poniendo en peligro sus carreras. El libro sugiere que ha sido importante para los Presidentes encontrar el valor para descartar lo que es solamente popular y hacer lo que los americanos después admiraran. Sin semejantes muestras de valor presidencial, América pudiera ser un país menor o puede que no existiera en absoluto. Recordando cómo algunos de nuestros presidentes en el pasado lucharon para hacer decisiones vitales debería inspirarnos siempre en esperar más.

Valientes es como San Pablo nos describe en la segunda lectura hoy. Dos veces, dice “Siempre tenemos confianza.” No sé si nos vemos a nosotros mismos como valientes. Pudiéramos hacer grandes actos de valentía, como el inmigrante de Mali quien escaló cuatro pisos de un edificio en Francia para salvar a un niño que estaba colgando de un balcón. Pero ¿qué significa ser valiente en nuestra fe?

Hasta cierto punto, la palabra “valiente” describe una fuerza interior. Si, pudiéramos hacer grandes actos como ese hombre en Francia, pero el valor describe el caracter de una persona. Habla de nuestra voluntad, algo que está dentro de nosotros. Permítanme ofrecerles unas ideas de como yo creo podemos ser valientes en nuestra fe:

Tristemente, vivimos en una sociedad donde la verdad no importa nada más. Discutiendo la cuestión de inmigración con alguien recientemente, me dijo, “¡Dice en nuestra Constitución que la gente en América debe hablar inglés!” No, no es así, pero algunas personas lo dicen y realmente lo creen. Pero no es la verdad. Simplemente hablar la verdad ahora es un acto de valor, especialmente cuando es dicho de nuestra fe en Jesucristo.

Hablando de los inmigrantes, cuidar de los pobres es ser valientes. Es un juego del libro de los juegos de Jesucristo quien nos mostró justo lo que hacer. Tan frecuentemente, oímos que tenemos que vivir en la tierra para que vivamos con Dios siempre en el cielo. ¿Cómo lo hacemos? Jesús nos dice: sirvan a los pobres. Miren a las vidas de las señoritas y los hombres quienes se hicieron santos por nuestra Iglesia Católica. ¿Cómo se hicieron santos? Muy sencillamente, sirvieron a los pobres.

Tan fácilmente como hablarlo o describirlo, el amor es un acto de valor, amor verdadero. La Palabra de Dios constantemente habla del amor, en parte porque hay tanto que distrae nuestras mentes y nuestros corazones que el mensaje del amor se pierde. Hay un dicho que dice, “La repetición es la madre de todo aprendizaje”, y parece que Dios necesita repetir lo que es más importante en nuestra vida: el amor.

Siempre somos valientes, dice San Pablo. ¿Y cómo lo hacemos? San Pablo nos da la respuesta también: caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Porque reconocemos que nuestro valor viene de ese modelo de toda valentía, Jesús sí mismo.